Sabíamos que la tormenta venía, pero no le hicimos caso. Y si bien esta afirmación —este lugar común— es un reproche más para la población en general, para nuestros políticos y autoridades es, simplemente, un hecho inaceptable.
Sucre acaba de registrar 44 casos positivos de coronavirus en un día. Es decir, comenzó la propagación del virus en términos reales, ya no hay más silencios epidemiológicos de aquí en adelante y, como se va gestionando la crisis, la tormenta crecerá.
Lamentablemente, dos focos importantes de la propagación son la Policía y la Alcadía (en la cual dejaron pasar protocolos de manera inconcebible y nadie se ha hecho cargo de ello).
Por otro lado, los médicos siguen desprotegidos y los hospitales vulnerables. Solo este jueves 18, uno de los principales centros de salud de Sucre, el Hospital Gastroenterológico, cerró sus puertas a raíz de un paciente que dio positivo mientras estaba internado allí, cuando los trabajadores de ese centro carecen de los debidos implementos de bioseguridad para protegerse de la contaminación.
La noche del mismo día, el principal hospital de Sucre, el Santa Bárbara, estaba a tan solo dos camas de terapia intensiva de colapsar.
Para rematar —y esto adquiere ribetes de escándalo—, muchas personas prefieren no reportar síntomas, ni tomarse la prueba, por no ir a parar a la Villa Bolivariana y ser encerrados como unos delincuentes, además del temor a infectarse en ese lugar.
Ahora tener síntomas o haber tenido contacto con algún infectado es casi un crimen que nos recuerda los peores tiempos de las dictaduras. Hay una suerte de sistema policial, antes que sistema sanitario, para los contagiados o para quiénes deben tomarse una prueba, que crea mucho temor entre la gente y, como nos lo ha enseñado la pandemia en el mundo entero, el temor es la peor forma de gestionar la crisis.
Por otro lado, nos hemos sentado a esperar los equipos prometidos por el Gobierno, y es como en la clásica obra de teatro de Samuel Becket “Esperando a Godot”: quizás esperemos algo que jamás llegue. No llegan los equipamientos para poner más camas en los centros centinelas de covid-19, ni existen en Sucre ni en el país las pruebas que todo el mundo está utilizando en sus poblaciones para controlar y parar el avance de la pandemia.
Señores, hay que decirlo claramente: el Gobierno ha decretado una cuarentena y una emergencia sanitaria a nivel nacional con el único objetivo de equipar y subsanar mínimamente las deficiencias y vacíos heredados de décadas de desatencion al sistema público de salud.
Sin embargo, cuando recién se formaban las nubes que anunciaban la tormenta, el Gobierno levantó el estado de emergencia y entregó la responsabilidad de regular el nivel de riesgo de la enfermedad a las alcaldías y gobernaciones, en una actitud más parecida a Pilatos que a la de un Ejecutivo que se hace responsable de semejante situación.
Otro gravísimo error de la actual administración es el de anteponer la política y el proceso electoral a uno de los problemas más complicados de nuestra historia. Nadie sabe, a estas alturas, si Ánez actúa electoralmente o de manera desinteresada, como debería ser, a la hora de encarar sus decisiones.
La tormenta está tocando nuestra puerta. Da tristeza y coraje pensar que nuestros gobernantes y políticos propiciaron nuestro naufragio, antes de que caiga, siquiera, la primera gota de agua de la tormenta.