El lugar del Halloween

Editorial Correo del Sur 28/10/2020
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Como cada año, la conmemoración de la festividad de Todos los Santos y los Fieles Difuntos se confronta con otra que coincide en las fechas, la de Halloween.
Parece una mera cuestión de gustos, pero no es así. Detrás de cada una de ellas existe abundante historia, aunque su discurrir no es paralelo y, por lo tanto, sus puntos de llegada son otros.
A contrapecho de lo que creen muchas personas, estas festividades, o conmemoraciones, no pueden coexistir porque tanto sus orígenes como sus objetivos son distintos. En Todos los Santos y los Fieles Difuntos se celebra la vida mientras que Halloween es, más bien, el culto a la muerte y todo lo que ello conlleva.
Pero no se trata de establecer diferencias sino de determinar, en un plano más bien pragmático, qué es más conveniente para nuestras sociedades –sin descartar de plano la convivencia de ambas fiestas; como que, en la práctica, eso está ocurriendo.
Lo primero que se debe aceptar es que gran parte de la esencia de Todos los Santos, con su variante cultural Todos Santos o “Todosantos”, se ha perdido en gran parte del país. En Sucre se mantiene la tradición gastronómica pero cada vez son menos las familias que arman altares funerarios o tumbas para que estas sean visitadas por personas que quieren orar por el alma de los difuntos.
Y mientras esas costumbres, que forman parte de nuestro acervo cultural, van retrocediendo, es cada vez más notorio el avance del Halloween porque cada vez son más los niños, jóvenes y hasta adultos que se disfrazan la noche del 31 de octubre y salen a las calles a pedir dulces.
Frente a esta realidad, cabe preguntarse si Sucre, o Potosí, o La Paz, Santa Cruz o Cochabamba, necesitamos el Halloween.
La fiesta sirve para el entretenimiento interno; es decir, de los habitantes de nuestras ciudades. Luego, ¿tendrá beneficios económicos?, ¿servirá para atraer turistas? (¿toda fiesta debe ser pensada con fines turísticos?), ¿habrá visitantes que prefieran el Halloween de Santa Cruz, por mencionar una ciudad, y no el de Memphis o Nueva York?
En Potosí, la resistencia al Halloween se hizo más fuerte este año por una razón también económica: los habitantes de la Villa Imperial están descubriendo que su Todos Santos es una manifestación cultural digna de exportación.
Y es que en la ciudad del Cerro Rico subsiste la costumbre del armado de tumbas que pueden ser visitadas libremente por cualquier parroquiano.
Dos expertos internacionales en patrimonio funerario que estuvieron en Sucre y Potosí hace dos años elogiaron, primero, al hermoso cementerio de la capital, por su indudable vocación turística, y, después, a la fiesta de Todos los Santos que se realiza en Potosí. De esta última dijeron que, por su pasado prehispánico, tiene características propias que la hacen distinta a la fiesta de los muertos de México. Más aún… recomendaron que se la postule como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad ante la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco).
Por tanto, a Potosí no le conviene permitir que Halloween siga creciendo porque esta última fiesta, cuyo origen es extranjero, limita el desarrollo y los esfuerzos que se hacen para preservar “Todosantos”. En ese sentido –y descontando el mero entretenimiento infantil o juvenil, que debería ir acompañado de un reforzamiento educativo de lo que concierne a todo boliviano, culturalmente hablando–, Halloween puede tener el lugar que las nuevas generaciones le confieran, pero sin descuidar el rescate de cuanto se ha perdido de la fiesta de Todos los Santos que, como apuntan los historiadores, es un típico y peculiar producto del mestizaje en nuestras tierras.

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