Desde hace tiempo se menciona mucho la palabra unidad, pero se utiliza poco el concepto. Nadie puede negar que en los últimos 20 años se ha incrementado la diferencia entre razas y regiones, aunque se haya predicado lo contrario. En pocas y sinceras palabras, se pue-de decir que, lamentablemente, se ha incentivado el odio y sobre el odio no se puede construir un país.
La diferencia entre izquierda y derecha radicaba fundamentalmente en el hecho de que los medios de producción debían estar en manos del Estado, en el primer caso y, en el otro, en las de la empresa pri-vada, con excepción de los bienes estratégicos, dejando para el Esta-do el papel regulador. Con el paso del tiempo, todo se fue desvir-tuando, dando lugar a los extremos en ambos bandos y con caracte-rísticas de corrupción cada vez más generalizada, también en ambos bandos. Todos pretenden representar al pueblo y lo que hacen es aprovecharse de la pobreza y la ignorancia.
En esas condiciones es difícil hablar de unidad, como es difícil enten-der los discursos que carecen de sinceridad. ¿Quién entiende las pa-labras del señor Vicepresidente cuando afirma ¨que lo que se siem-bra se cosecha, que hay que sembrar paz para obtener paz, que hay que sembrar unidad para tener unidad, pero hay que hacernos res-petar y para eso hermanos tenemos que organizarnos¨? ¿Para qué?
En Cochabamba, Gobernador y Alcalde firmaron un pacto de unidad para hacer proyectos y trabajar juntos. Un juicio a uno de ellos y al diablo la unidad.
Lo que nos interesa a los chuquisaqueños es también unidad para enfrentar proyectos con miras al Bicentenario. Por ello nos alegra-mos por las declaraciones de nuestras autoridades recién electas que decidieron trabajar conjuntamente.
Lamentablemente, sin embargo, surgieron diferencias tanto en la Asamblea Departamental como en el Concejo Municipal, ambos or-ganismos en conflicto con sus respectivos ejecutivos. Una asam-bleísta oponiéndose a la aprobación del POA, sin la menor idea de las observaciones que se hacían para justificar su posición. Eso no es apoyar la unidad, es practicar la política para dividir.
En el recién pasado 29 de septiembre, fecha en la que celebramos la fundación de nuestra ciudad, sólo había banderas en pocos edificios públicos y universitarios. En otros tiempos, los comisarios municipa-les recorrían la ciudad cobrando multas a los infractores que des-obedecían la ordenanza que obligaba a embanderar la ciudad. Pa-sear por las calles de Sucre, era además de reconfortante, una clase de educación cívica, que es lo que se necesita para unir a los ciuda-danos, cobijados por una bandera que represente a todos.
Ahora todo es político, se intenta imponer por la fuerza banderas re-gionales y aparecen de la noche a la mañana otros símbolos en do-cumentos oficiales del Estado, que no nos identifican para nada, creando motivos de división y de reacción en el futuro.
Por todo esto, hablar de unidad es una hipocresía y mientras eso no cambie no se podrán ejecutar proyectos de beneficio ni para la re-gión ni para el país. Lograr la unidad respetando las diferencias, de-bería ser posible.