Psicológicamente el Hybris es considerado como un desorden de la personalidad, acto en el que un personaje de poder y desmesurado orgullo se divierte hablando a los demás con insolencia y desprecio.
Los defectos de la personalidad son rasgos o combinaciones de los mismos que constantemente perjudican a uno mismo y sobre todo a los demás en una colectividad, sin que surja la perspicacia o el carácter para corregirlos.
La persona, según su origen etimológico en latín, es una máscara de actor, un personaje de un drama y fundamentalmente el papel que se desempeña ante la sociedad con una posición, una profesión o un oficio.
Para los políticos, jueces y también médicos, que tienen en sus decisiones y manos las vidas de personas, son atributos esenciales la competencia y la capacidad de hacer juicios realistas sobre lo que pueden y no pueden lograr, porque todo lo que empañe ese juicio genera un daño considerable.
Es superlativamente interesante comprobar los cambios psicológicos y también bioquímicos que el poder produce y causa trastornos psiquiátricos de síntomas fácilmente reconocibles, y que se desvelan principalmente en los políticos, jueces y en los médicos, como se escribía en el anterior párrafo.
Los políticos y jueces principalmente pierden la capacidad de gobernar y juzgar, cometiendo actos crueles, no extraen la sabiduría de su experiencia, acumulan un ego desmedido, ideas fijas, sensación de megalomanía y deseo de transgredir límites. Tienen una inequívoca inclinación narcisista a ver el mundo como escenario donde ejecutar el poder y buscar la gloria, tendencia a autoglorificarse y asumir un modo de hablar mesiánico.
Este tipo de políticos se identifican con el pueblo y el Estado y manifiestan desprecio a los demás, cultivando la convicción que no deben rendir cuentas a la población, sino a la Historia y a Dios, posición de inconcebible soberbia. Estos políticos transmiten inquietud e impulsividad y pérdida de contacto con la realidad.
Todo lo precitado configura una característica de incompetencia para ejercer la política como nos enseñaron los antiguos griegos: servir diligentemente solo al pueblo; impartir justicia con conciencia moral para los jueces y hablar correcta y con fidelidad a un paciente a los médicos.
* Es abogado, posgrados en Filosofia y Ciencia Política, Arbitraje y Conciliación, Interculturalidad y Educación Superior, Derecho Aeronáutico, Docencia en Educación Superior, Alta Gerencia para abogados, doctor honoris causa en Humanidades.