Ciudadanía y civismo

Eddie Cóndor Chuquiruna 09/02/2022
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Cuando los factores ciudadanía y civismo se desarrollan y son parte activa, en las personas, existen mejores sociedades.

El mundo de hoy aún nos ofrece ciudadanos nominales y civismo distorsionado.

Asumir que cualquier persona ya tiene la condición de ciudadanía cuando adquiere la mayoría de edad es rebatible en los hechos. No pasa de ser un vínculo jurídico que se sustenta en el concepto de que en cierto momento se considera que un individuo posee la capacidad y los conocimientos básicos sobre la sociedad como para cumplir adecuadamente con sus deberes y derechos.

Para que una persona sea considerada como miembro activo de un Estado, una de las dimensiones que necesitamos comprender de la ciudadanía, debe desarrollar capacidades que le permitan identificar que es titular de derechos políticos y que está sometida a sus leyes. Esos códigos legales que regulan sus relaciones con otros miembros de la sociedad, a los dieciocho años y en el curso de su vida, por más privilegiado que sea su proceso educativo, la mayoría de individuos los ignoran y en consecuencia no los usan.

Ciudadanía también es ética, ligada a los valores que inspiran acciones constructivas. Es compromiso activo y responsabilidad social y vínculo crítico y de contrapeso con las esferas de poder. Es la posición que adopta en el contexto sociocultural y su defensa, así como la forma en que ejercita su relacionamiento en la sociedad que lo rodea. También acoge a la proyección de la visión del mundo, entre otros, en sus planos económico y ecológico.

Ciudadanía no solo es sufragar, cada cierto tiempo, en un proceso electoral cuando el Estado convoca. Es abandonar el egoísmo, la indiferencia, la cultura de odio y la crítica destructiva y colaborar para que la población se involucre en su sanación y la mejora del país. ¿Cuántos intentan hacerlo? Es una de las preguntas que todos deben hacerse antes de partir.

Por otra parte, el civismo se refiere a las reglas mínimas de comportamiento social que nos permiten convivir en colectividad. Son aquellas pautas de conducta que cada uno se impone, en su relación con su localidad, nación y Estado.

Tiene que ver con el cómo se comportan las personas y cómo conviven en sociedad. Por ejemplo: ¿Mantienen respeto hacia el prójimo, el entorno natural y cultural y los bienes públicos?

A diferencia de la ciudadanía que adquiere vida con la mayoría de edad, el civismo se va impregnando desde el hogar y afirmando con su socialización en el proceso educativo; lo que dice de su importancia y necesidad que algunos gobiernos no aceptan como reto de Estado. ¿Es justo acaso –está ocurriendo en Perú– que solo el 5% de los niños del campo entienda lo que lee?

Es imperativo, para evitar la ignorancia cívica imperante y país de solo electores, un sistema educativo con vida cívica. Si queremos civismo con ciudadanía, un Estado con gobierno, instituciones y estadistas y, entre otros aspectos, democracia con demócratas, es necesario superar estas y otras barreras y distorsiones.

Poner nuestros valores éticos, experiencia y conocimientos al servicio de la construcción de ciudadanía y civismo es, en esencia, apostar por una vida de ciudadanos con condiciones efectivas para el ejercicio y disfrute de derechos.

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