Hay ciertas opiniones que para difundirlas se requiere prudencia para no dañar la imagen personal de quienes se sientan aludidos, pero hay que decirlas porque hablar por la espalda o en círculos a los que no tengan acceso los involucrados, es sencillamente falta de valor civil.
Este mes es el cumpleaños de Sucre: cumple 213 años el Primer Grito de Libertad en la América Latina, 484 desde septiembre de 1538, fecha a la que se atribuye su fundación, 197 años desde que fue nominada como capital provisoria de la República de Bolívar y 183 desde que se decidió su nominación como capital definitiva de la República de Bolivia en julio de 1839. Porque en Sucre nació la patria, merece ser sede de los honores que se programen al aproximarse el Bicentenario de la hija Predilecta de Bolívar, como la llamó el propio libertador.
Sin embargo, y no solamente ahora sino siempre, algunas autoridades, por no decir todas, creen que es su cumpleaños y llenan de fotografías programas, avenidas y carreteras, en lugar de hacer sus álbumes familiares y dejar esos gastos para convertirlos en inversión, colocando por ejemplo letreros de señalización de calidad internacional en las entradas y salidas de la ciudad, aeropuertos, calles y avenidas, en lugar de la pésima señalética que tiene Sucre, agravada por campañas de promoción personal pagadas con los impuestos de la ciudadanía.
Esto no es de ahora solamente. En la versión anterior de la Fexpo Sucre, el espacio municipal estaba saturado de gigantografias del alcalde de entonces y una alcaldesa, hace ya muchos años, se atrevió a poner su fotografía gigante en el mismo tamaño de otra de la Virgen de Guadalupe en el frontis del edificio central de la Alcaldía municipal.
¿No sería mejor que cuando acabe la gestión de cada funcionario público nos llevemos su imagen en el corazón?
Claro que sería mejor, pero para eso deben hacer gestión; es decir, cumplir con lo que le prometieron al pueblo durante su campaña. Los ciudadanos queremos ver obras, no fotografías de quienes deben hacerlas.
Para celebrar esta fecha y otras oficiales, se debería siempre buscar la unidad nacional e invitar a todas las autoridades legalmente elegidas, sean o no del agrado del invitador, que no está convocando a un acontecimiento personal, como se tiene ya dicho, sino a una celebración oficial.
Es bien sabido que desempeñar cargos importantes en la administración pública no es nada fácil, pero buscarse más problemas que los que ya existen no es ni conveniente para la región ni para la crítica de los ciudadanos, que apreciarán más la modestia, el sacrificio y la entrega de los que resultaron elegidos, que las demostraciones de promoción personal o la soberbia.
No es nada agradable tocar temas como los de esta nota, pero hay que incentivar la discreción y la modestia que con seguridad darán más beneficios que la vanidad. Es mejor para una persona, y más aún para una autoridad, ser admirada por sus méritos que por su propia propaganda. Es difícil, pero hay que decirlo.