Crónica de un juicio anunciado

Monica Briançon Messinger 14/06/2022
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Dicen que en la mesa no se habla de política, religión o fútbol. Hoy están de suerte. Hablaré de las tres. Mientras escribo estas palabras, Jeanine Áñez fue sentenciada y todos empezarán con el concierto de rasgar vestiduras.

¿Es culpable? Sí. Por supuesto. Pecó de ingenuidad política, ella y los mal llamados “opositores” que no supieron leer el movimiento 21F y menos aún a la revolución pitita. Al respecto, Bolivia es un buen ejemplo del arquetipo junguiano de la doncella, la que necesita ser rescatada: Rapunzel en la torre, el beso de la Bella Durmiente, el príncipe/político que te rescatará del gobierno anterior. Casi dos siglos de Bolívares, Melgarejos, Paz Estenssoros, Barrientos, juntas militares de por medio, y Morales al presente ilustran la galería. Todos tratando de salvar al “pueblo” de las abominables fauces de la corona, el imperio, la cortina de hierro, el neoliberalismo, porque el otro es el enemigo, porque “si no estás conmigo estás contra mí”. El partido azulino instauró esa lógica estalinista durante años con una férrea guerrilla comunicacional. Hasta que en 2019 se abrió una brecha y terminó por resquebrajar a un gobierno. Los argumentos de los huidos, irrisorios. El fraude consumado y comprobado, mientras intentan tapar el Sol con el dedo del “golpe”.

La intersección entre juventud y tecnología produjo uno de los movimientos políticos/ciudadanos más interesantes en años. Las calles no habían sido solo de los sindicatos y los marchistas. Aquí hubo algo diferente y orgánico. Algo que los entusiastas de la Sociología, anclados en la Escuela de Frankfurt, le dicen “privilegio de clase”, sin darse cuenta de que el movimiento fue nombrado, en tono de burla, por el propio huido. Su renuncia fue el culmen de la obra.

Pero lo que vino después fue la dolorosa constatación de lo evidente. La angurria y el falocentrismo de la clase política no permitieron ver que estaban luchando contra un monstruo de siete cabezas, que aún vivía y, arrinconado por el impacto, buscó fortalecerse en la oscuridad. Mientras tanto, los sospechosos de siempre comprobaron el mantra político: divide y vencerás. Los unos y los otros como candidatos presidenciales, porque “yo sí represento a la gente”. El peor error fue precisamente ese, no considerar un pacto político fuerte que unifique criterios para una nueva gobernanza. Jeanines, Tutos, Carlos, Camachos, y demases, se presentaron en la vergonzosa y larga lista de candidatos. El yo por encima del nosotros. Dato curioso: hasta Jaime Paz lanzó su partido llamado “Unidad 21F Mir”. ¿En serio? Todos cosechando de un árbol que no ayudaron a sembrar. ¿El resultado? Ahí lo tienen. La crónica de un juicio anunciado.

Será momento de madurar como sociedad, y dejar de esperar salvadores y ser ciudadanos desde lo pequeño, de dejar de “orar para que los militares tomen el gobierno” o de creer que el agua bendita desde un helicóptero iba a “curar a la ciudad del covid”. Será momento de despertar. Como cuando descubres que no existe Papá Noel, pues tampoco democracia.

Te presento a la oclocracia (poder de la turba, de la muchedumbre corrompida). Desde ahí, te darás cuenta de que mientras menos tiempo y atención le dediques a la chamuchina, te darás cuenta de que ese monstruo de siete cabezas se está alimentando de tu energía, de tu atención permanente al tema, cambia de canal, desliza en Facebook. Merecen nuestro olvido. Todos ellos. Sin importar el lado.

(Pero Monica, dijiste que ibas a hablar también de fútbol). Sí. ¡Que viva Palmaflor!

* Es periodista.

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