La masificación de internet y sus plataformas, utilizadas ahora para la publicación de contenidos, incluso periodísticos, le ha restado espacios al diarismo; es decir, a la actividad que consiste en la publicación de periódicos de manera diaria. Se ha llegado a tal punto que persisten las voces en el sentido de que estos nuevos soportes podrían desplazar a los medios convencionales de comunicación, particularmente a los impresos.
Es cierto que muchos diarios han suspendido ediciones, tanto en Bolivia como en otros países, pero, en la mayoría de los casos, esos cierres no fueron motivados por la influencia de internet, ni por las redes sociales, sino por otros factores —sobre todo— económicos. También es evidente que otros están soportando estoicamente las arremetidas de la tecnología, y que la minoría ha conseguido utilizar los nuevos medios para continuar vigentes.
Pero, es importante tomar en cuenta lo siguiente: si los anuncios agoreros se hicieran realidad y finalmente los impresos desaparecieran, la humanidad perdería su memoria escrita. Desde la aparición de los soportes móviles, como el papiro y el papel, y, en general, de la escritura, las civilizaciones comenzaron a volcar sus conocimientos en estos. Eso permitió el surgimiento de la memoria documental, que, particularmente en los países que la conservan metódica y eficientemente, pervive hasta el presente.
A eso se sumó, más o menos a partir del siglo XVII, la aparición de los periódicos, que con el paso del tiempo se convirtieron en diarios. Cuando estos se posicionaron, el registro de los acontecimientos de las sociedades también fue diario. Hoy en día, quien quiera saber lo que sucedió en el pasado, encuentra que los periódicos fueron los principales registradores diarios.
La importancia de la memoria escrita se vio particularmente en Potosí en los últimos años, cuando esta ciudad había perdido su memoria escrita porque los periódicos existentes no aparecían de manera diaria. Todavía hoy, quienes acuden a las hemerotecas y buscan registros de hechos sucedidos en ese periodo no los encuentran porque la falta de continuidad ha dejado lagunas que, más de 20 años después, son imposibles de llenar.
Un día como hoy, hace 21 años, la región del Cerro Rico recuperó su memoria escrita porque aparecía el primer número de El Potosí, un diario que fue recibido con algarabía, pero también con escepticismo. Se trataba de un producto de la empresa que hoy se llama Editora del Sur SRL. Mucha gente —incluso periodistas— afirmaba que los potosinos habían perdido la costumbre de leer, y que el periódico no iba a durar mucho tiempo. Contra esos pronósticos agoreros, el diario ha roto todos los récords que existían antes de su aparición: se convirtió en el de mayor permanencia y el que más números ha editado, pues el de hoy es el 7.270.
Durante estos 21 años, El Potosí ha registrado, día tras día, la historia de su región y, eso es lo que hace importante a esta fecha. Tal labor solo se detuvo por escasos días durante el confinamiento obligado por la pandemia de covid-19, cuando se prohibió la circulación de personas y eso hacía inviable la venta de periódicos. No solo este diario, todos los del país suspendieron sus ediciones.
Habiendo superado la barrera de las dos décadas, como en todo aniversario, renueva su voluntad de trabajo, la misma que tiene su hermano mayor, el diario Correo del Sur, rumbo a los 35 años de vida en Sucre. Ambos son una muestra fehaciente de que el periodismo con una mirada descentralizada, desde el Sur, es posible.
Con los cambios y las transformaciones impulsados en las últimas décadas fundamentalmente por la tecnología, no sabemos lo que vendrá. Hoy, sin lugar a dudas, podemos decir que El Potosí ya ha hecho historia y forma parte de las instituciones más cercanas a la gente que tiene la Villa Imperial.