Es innegable la importancia de un Censo Nacional de Población; se suele afirmar que es la radiografía de un país; sin embargo, siguiendo con la metáfora, podría decirse que es una ecografía, pues permite adentrarse, de manera más detallada, en el funcionamiento de los componentes de un sistema estatal o las características del grupo meta que se desea investigar.
En Bolivia, los censos de población y vivienda, como se denominaban antes, abarcaban fundamentalmente dimensiones demográficas y sociales. Respecto a lo primero, se indagaba el tamaño y composición de la población por sexo, edad y procedencia; en lo segundo, las variables estudiadas comprendían aspectos de salud, educación, condiciones de vivienda y cobertura de servicios básicos.
Con los avances conceptuales y tecnológicos que el mundo ha experimentado, un censo puede ir más allá, dependiendo de los intereses ciudadanos, que son múltiples, y de las definiciones de políticas públicas que un gobierno pueda plantearse. De este modo, esta herramienta puede ser utilizada para proveer información de un sinnúmero de tópicos de interés estatal y ciudadano.
La tendencia contemporánea es que un censo no se circunscriba exclusivamente a objetivos demográficos y sociales; por el contrario, se busca que la ecografía pueda ampliarse a otras variables significativas para el interés ciudadano, como ser: derechos humanos, migración, empleo e ingresos, autoidentificación cultural, entre otros. En esa línea, resultaría contraproducente que el gran esfuerzo de aplicación de recursos financieros, técnicos, humanos y logísticos hasta ahora comprometidos, no pueda ampliarse al sondeo de otros temas de utilidad nacional como los antes señalados.
Volviendo al caso específico del Censo poblacional en Bolivia, en el último tiempo se ha abierto una polémica respecto a si caracterizarlo como evento político o técnico. Sin desmedro del análisis o énfasis que se le quiera dar, es evidente que el Censo tiene ambos componentes, político y técnico.
En lo político: 1) El Censo reconfigurará el mapa poblacional del país, y obligará a una nueva distribución de la renta nacional entre los 340 municipios existentes, en función de la densidad poblacional que sin duda experimentará cambios; esto implica que muchos municipios disminuirán su participación proporcional en la renta nacional y algunos pocos lograrán un incremento. 2) Un nuevo mapa poblacional implicaría también una redistribución de escaños en la Cámara de Diputados; la tendencia de los flujos migratorios experimentados en la última década podría determinar que departamentos como Oruro, Potosí, Chuquisaca y tal vez La Paz, hasta ahora bastiones del partido de gobierno, tengan que resignar escaños a favor de Santa Cruz y/o Tarija. 3) Los resultados del Censo podrían también permitir el cotejo de los datos de la población en edad de votar con el Padrón Electoral, instrumento cuya consistencia ha sido muy cuestionada por diversos sectores ciudadanos.
En lo técnico, la preparación del censo requiere la ejecución de actividades precensales que garanticen una óptima realización del macro evento. Entre estas, son de gran importancia: la definición del alcance de la información que se ha de recabar, la actualización de la cartografía censal, el diseño y validación de la boleta censal, la selección y pruebas del sistema de procesamiento de datos, el reclutamiento y capacitación de los empadronadores, la distribución territorial de los encuestadores y la preparación logística.
Con base en lo anterior, la definición de una fecha para el Censo tiene que considerar ineludiblemente aspectos políticos y técnicos. Hasta ahora, por lo que se ha visto, ha primado el cálculo político del Gobierno para postergar su realización hasta 2024, de manera que los resultados, que se conocerían recién en 2025, no jueguen en su contra, en un período electoral de alta sensibilidad como el que se vaticina para entonces.
A pesar de que la decisión política de postergar la realización del Censo se ha tratado de revestir de argumentos técnicos, en realidad, una revisión somera de cada una de las actividades precensales –considerando además la posibilidad de que varias de ellas pueden realizarse de forma simultánea– permite afirmar que el censo puede realizarse en el primer semestre de 2023, no hay ninguna razón valedera para no hacerlo en ese término.
* La Plataforma Una Nueva Oportunidad Sur es una filial de la Plataforma UNO que agrupa a ciudadanos de Potosí y Tarija.