40 años de democracia: Recuperar valores

EDITORIAL Editorial Correo del Sur 14/10/2022
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El debate y la reflexión escasearon el pasado 10 de octubre.

En Bolivia, la democracia es una conquista que demandó y aún demanda compromiso y lucha permanente. Hace 40 años, se libró una batalla de principios contra las dictaduras de los militares. Ahora se sigue peleando por los mismos principios contra diferentes afanes de imposición de ideas y de control de la justicia nacional.

La democracia no solo es el derecho al voto para elegir representantes. Democracia es tener la convicción de que se vive en libertad, para pensar, para proponer, y que las propuestas sean al menos escuchadas, para emprender o para tener un empleo digno y de calidad. No es democracia descalificar a las minorías, ni tampoco rechazar otras ideas solo porque son de la oposición. No es democracia que aún haya gente en el exilio o que los políticos opositores sean detenidos y enviados a prisión preventiva, mientras hay corruptos del oficialismo a los que se les valida una serie de artimañas legales.

Pasaron 40 años de democracia y está claro que este sistema de gobierno es muy frágil todavía. El año 2016 se convocó a un referéndum para alargar el mandato de Evo Morales; en aquel entonces, ganó el No, pero el Presidente desoyó la voz del pueblo para volver a ser candidato. En 2019 hubo elecciones nacionales y se descubrió una manipulación de actas, de cómputo y hasta una vulneración del que debía ser un aséptico sistema electoral. La violación a la democracia se repetía una vez más.

Ese mismo año, Evo Morales y su vicepresidente, Álvaro García Linera, renunciaron e hicieron renunciar a todas las autoridades de la sucesión constitucional. El país estaba al borde de la guerra civil y una interpretación de la Carta Magna hizo que Jeanine Áñez asumiera la presidencia. Su misión era convocar a nuevas elecciones, pero en el camino ella quiso ser candidata; faltó a su palabra. Hubo enfrentamientos y muertos.

La lucha contra las dictaduras también se cobró vidas: asesinatos a manos de paramilitares, torturas y desapariciones. Pero ganó el ideal, la imperiosa necesidad de tener un país libre. Más adelante, en plena vigencia de la democracia, el Gobierno autorizó ejecuciones extrajudiciales como el asalto al hotel Las Américas, para descabezar a la oposición, especialmente en Santa Cruz, y hubo detenciones que, en teoría, eran preventivas, pero que se volvieron punitivas.

La impronta de libertad se mantiene entre los bolivianos y las aspiraciones totalitarias, cargadas de discursos de posverdad, son combatidas muchas veces en las calles con medidas pacíficas más o menos contundentes.

En 2020 las elecciones nacionales fueron ganadas por Luis Arce Catacora. Obtuvo el 55% de votos y la confianza de la ciudadanía, golpeada por la pandemia. Ese caudal de fe debería ser retribuido con plena democracia, con libertad, con capacidad y habilidad para escuchar, dialogar y concertar. Si el país había vivido días de horror en 2009 con el hotel Las Américas, en 2011 con la vulneración de derechos de los indígenas, en 2019 con manipulación de las elecciones, el voto de 2020 fue de esperanza de un cambio y no de repetir viejas prácticas totalitarias y avasalladoras de los derechos de todos.

El 10 de octubre debimos reflexionar sobre eso, sobre recuperar los valores y los principios, pero da la sensación de que no lo hicimos.

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