La revolución de las canas

Monica Briançon Messinger 25/07/2023
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Juliana Martínez habla de la higiene menstrual y dice: “hemos ganado una batalla al hacer que en los spots publicitarios, para que se demuestre la absorción de las toallas higiénicas, ya no se use tinta azul, sino que se use tinta roja”. Añade: “señores, dense cuenta que las mujeres tenemos sangre roja, no sangre azul”. Y ese cambio de tinta ha sido, según ella, una gran victoria. Agrega: “¿por qué no trabajar también en la revolución de las canas?”.

Cabe destacar que Juliana Martínez es una oradora exitosa y participó en el evento corporativo EXMA Bolivia, que se llevó a cabo el 20 y 21 de julio en Santa Cruz. Ella tiene un rol fascinante como la mujer más influyente en el mundo de los ‘gamers’ en Latinoamérica, es decir los jugadores en línea, promoviendo plataformas como Twitch. Rompe varios esquemas, como aquel referido al imaginario de que “el gamer” es hombre, y hace notar al mundo de la publicidad que el 47% de los gamers son mujeres.

Ella es gamer, lleva canas, que supuestamente revelan su edad, y busca romper los paradigmas negativos y opiniones que tenemos en contra de los gamers, o de las personas canosas.

¡Qué maravilla que reivindique las canas y pida hacerlas obvias en una mujer! Porque, de pronto, en un hombre, el hecho de tener canas no es solo un detalle, sino que “es más guapo o más maduro”, mientras que en una mujer es signo de vejez y hay que taparlas, y ocultar todo signo del paso de la edad.

De hecho, el título de esta columna, al llamarse revolución de las canas, no pregunta por qué te las tiñes sino ¿por quién lo has estado haciendo? 

De alguna manera, el arquetipo de Jung que define “el joven por siempre” o el ‘puer aeternus’, coloca a la mujer dentro de un rol en la sociedad, donde no puede envejecer jamás, tiene que estar siempre pulcra, maquillada y en una edad promedio sobre la cual no se le puede poner ni un año más; y vale preguntarse ¿por qué está mal envejecer? Cuando, al contrario, es un privilegio y las canas lo demuestran.

Pareciera que “cana”, en una mujer, fuera una mala palabra mientras que en el hombre existe incluso la frase de “tirarse una canita al aire” como sinónimo de tener una aventura, de que a pesar de mi edad igual puedo seguir teniendo un affaire; algo condenable en una mujer.

Cuando se habla de revolución de las canas hay que pensar que la cana es simplemente la falta de melatonina en el cabello y que una niña de 12, una mujer de 43 o un joven de 24  puede tenerlas y eso no significa que está senil, que hay que hablarle a voz gritando, o que hay que llevarlo al asilo. Así que lleva con orgullo esas canas, que te hacen fuerte y auténtica.

* Es periodista.

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