La esclavitud, hoy

EDITORIAL Editorial Correo del Sur 25/08/2023
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El hallazgo, en Potosí, de dos niños de 13 y 11 años, sometidos a condiciones análogas a la esclavitud, es una alerta respecto a mentalidades e idiosincrasias que permanecen vigentes hoy en día, aún con el siglo XXI tan avanzado.

La noticia coincidió con la conmemoración del Recuerdo de la Trata de Esclavos y de su Abolición, el 23 de agosto recién pasado. La razón de haber elegido este día en particular se debe a la sublevación de esclavos que tuvo lugar en Santo Domingo —hoy en día conocido como Haití— en el año 1791, cuando lograron la independencia de esa parte de la isla que, además, fue el génesis para la abolición del comercio transatlántico de esclavos.

La trata de esclavos como comercio legal tuvo una duración de un poco más de 400 años, durante los cuales se vendió a más de 15 millones de hombres, mujeres y niños, como si fuesen ganado, para someterlos a los trabajos más duros y a condiciones de vida infrahumana. Esta realidad es lo que llevó a la ONU a decretar en 1998 el 23 de agosto como el referido día internacional no solo para recordar a las víctimas, sino para demostrar la importancia que tiene el respeto a los Derechos Humanos en el mundo.

Bolivia guarda penosamente en su propia historia pasajes violentos de hechos relacionados con tan indigno negocio en todo el país, especialmente en lo que se refiere a las minas y a la Casa de la Moneda, también en Potosí. Al confirmar que los africanos esclavizados no toleraban el rigor de la mina, asociado a sus aires viciados, y como morían casi todos, se los quitó de ese trabajo y se les impuso otros, especialmente de labranza, en las haciendas próximas a la Villa Imperial, donde trabajaron produciendo alimentos y vino para las minas.

Por capítulos como el descrito, hay que admitir que la historia boliviana incluye episodios de esclavismo que, como son remotos, pasaron al olvido. Tiene, además, pasajes humillantes más recientes, casi contemporáneos, de situaciones tipificadas como esclavitud y muchas toleradas, incluso socialmente, que lo rozan.

La delgada línea roja entre trabajo precario y esclavitud suele traspasarse muchas veces en Bolivia y casi cualquier excusa es válida y aceptada, incluso, por las autoridades e instituciones destinadas a salvaguardar la calidad del trabajo mismo.

La esclavitud moderna tiene varias caras y algunas son evidentes por lo que implica de pérdida de libertad: la trata de personas, el reclutamiento forzado para la guerra, etc. Otras tienen que ver con algún tipo de interpretación errónea de la responsabilidad o de la falta de oportunidades, porque, efectivamente, aquellos que no logran satisfacer sus necesidades básicas y estudiar lo suficiente, tarde o temprano, quedan a expensas del destino y de cosas que simplemente se pueden hacer, lejos de las que se quisiera hacer.

El día mundial de la esclavitud y el triste descubrimiento de los dos niños en Potosí invitan a reflexionar sobre los sistemas y controles para garantizar que nadie vive privado de libertad sin haber incumplido las reglas de convivencia, pero, en países en vías de desarrollo como el nuestro, deberíamos preocuparnos también por las leyes del trabajo, sobre todo por las que garantizan el acceso a la educación, a la sanidad, a la vivienda y a esos asuntos materiales que cuestan tanto para los que vienen de abajo y que les impide alcanzar niveles de libertad como para tomar las decisiones que quiera.

La dignidad de un pueblo tiene que ver con eso y, en Bolivia todavía tenemos demasiadas deudas pendientes, más allá de las consignas propagandísticas…

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