Aunque los radicales del MAS pataleen, y, como lo han hecho, amenacen con acciones violentas frente a la decisión del Tribunal Supremo Electoral (TSE), de no validar las resoluciones aprobadas en su congreso de Lauca Ñ, al final no les quedará más remedio que aceptarlas, a menos que quieran alimentar su imagen de antidemocráticos.
El TSE tomó su decisión sobre la base del informe del Servicio Intercultural de Fortalecimiento Democrático (Sifde) que señala que dirigentes del MAS, Evo Morales entre ellos, no presentaron su certificado de militancia con más de 10 años de antigüedad, tal como manda el propio estatuto de la organización política, y, en el marco de sus atribuciones, el Órgano Electoral ha dado seis meses de plazo para que el MAS organice un nuevo congreso en el que se respeten sus propias normas internas.
Pese al paso de los años y de su dilatada trayectoria política, aparentemente Evo Morales aún no ha aprendido que las formalidades de ley deben cumplirse y no es una opción sujeta al buen o mal ánimo de los actores políticos. Por ejemplo, nadie duda de la militancia del exmandatario en filas del MAS, pero, si la norma manda que presente un certificado oficial, debió hacerlo sin mayores reparos en lugar de tropezar con sus propios pasos.
Un recuento de lo ocurrido en la reunión de Lauca Ñ deja en claro que hubo muchas irregularidades que ponen en entredicho la esencia democrática de la principal fuerza política del país.
Por ejemplo, se aprobó una resolución de “autoexpulsión” de Luis Arce y David Choquehuanca por no haber asistido al encuentro. Para comenzar, la figura autoexpulsión resiente profundamente el sentido común de cualquier organización; segundo, no existe en el estatuto del MAS y, tercero, viola derechos políticos consagrados en la Constitución Política del Estado y en convenios internacionales.
Otro detalle a tener en cuenta es que el congreso masista debió durar tres días, pero se acabó en cuestión de 36 horas, todo antes que la cúpula partidaria sea notificada con la admisión de una acción de amparo presentada por la Federación Departamental de Mujeres Campesinas Originarias “Bartolina Sisa”, por supuestas irregularidades cometidas en la convocatoria oficial.
Finalmente, se proclamó la candidatura única de Evo para las elecciones 2025, ignorando el mandato de la Ley de Organizaciones Políticas que establece la realización de elecciones primarias seis meses antes de la convocatoria a comicios nacionales. Las elecciones primarias suponen la existencia de más de una opción para que los militantes de una tienda política puedan elegir “democráticamente” a su candidato o candidata a la presidencia, pero en el MAS solo existe Evo Morales.
Considerando los elementos anotados, hubiera sido nefasto que el TSE avale el congreso del MAS. Una eventual aprobación hubiera representado el inicio de otro turbulento proceso electoral de imprevisibles consecuencias, como ya ocurrió en 2019 cuando los vocales electorales encabezados por María Eugenia Choque, actuaron con clara y vergonzosa parcialidad en favor del MAS.
En el fondo, la resolución del TSE obliga al Movimiento Al Socialismo a tomar en serio las reglas del juego democrático. Lo que tiene que hacer es cumplir con su propia normativa —su estatuto—, la Ley de Partidos Políticos y llamar a otro congreso, esta vez cumpliendo la norma. Tan sencillo como eso.