Himno a la musa

Walter Rodríguez Calancha 22/11/2023
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Toco el himno himeneo con el

   éxtasis seductor de tu juventud,

   hasta el cénit de tu senectud.

Canta la sabia naturaleza la verbena

 EPIFANÍA que Dios nos dio: la diana

del viento, del agua del fuego y de los cielo

que truenan, inspiración de

Beethoven, acompañado del trovar

de pájaros, grillos y ranas.

La vida está colmada de bemoles

y sostenidos, y tu amor es como el becuadro

que embelesa apacible mi alma.

Con los acordes disonantes de las olas

del mar, con el ritmo isócrono de los

celestes, palpita y danza la tierra.

La música es la soberana de las artes,

es el verbo de la pureza del ser,

es madre de la memoria, hermana del corazón

y gemela del alma que llega

hasta el trémulo de tus tuétanos.

El sincope y el contratiempo de mis

notas flotan en tu cuerpo como luciérnagas

en la noche, y celosas las estrellas

titilan hilando los arpegios de las

cinco lineas y cuatro espacios

¡¡canten!! ¡toquen!, el allegro de la vida

de la muerte, el ad libitum de la fuerza del destino.

¡¡canten!! ¡toquen!, a las flores a las

espinas, al ángel, a la bestia,

a la traición, a la pasión, al recuerdo,

al olvido, al dolor y a la satisfacción.

Nunca cantemos la vida de un solo

pueblo, cantemos, ledos al mundo

que no está mudo, y su contra cantó

 nos dejara lelos de pasión seductora.

Patricios del arte, bohemios de la cabellera

alborotada, canten como el can, que

ulula a la luz de la luna menguante de otoño.

El jaleo fortísimo de tus palmas,

son como las palmas de las playas

y de los bosques que bambolean frenéticamente  y

emborrachan el corazón y el alma del músico.

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