“Breaking the law” es el título de una canción de la banda británica Judas Priest que alcanzó fama tras su lanzamiento en el álbum “British Steel”, en 1980. Su letra habla de un hombre que está “out of work and down” (sin trabajo y abajo) y que, para superar su frustración, decide infringir la ley, de donde viene el nombre del tema musical.
En Bolivia, hay mucha gente frustrada porque no encuentra trabajo, lo cual ha deteriorado su calidad de vida. ¿Será esa la explicación de tantas violaciones a la normativa que, en casos extremos, termina desencadenando tragedias?
Una revisión a las desgracias recientemente reportadas evidencia que muchas de estas fueron provocadas por sus propias víctimas.
Así, el drama que viven desde hace días varias familias de La Paz, obligadas a abandonar sus viviendas en peligro de desplomarse por efecto de las lluvias, no es extraordinario y evidencia los riesgos que conlleva la transgresión de las normas, tan común en el país.
“Hay una zona, San Isidro Bajo, (donde una) casa hace más de tres años que está en desequilibrio. Se le pidió que la demolieran, no hace caso el dueño (…) es terquedad de un señor que tiene construcciones ilegales, que ha afectado a otras viviendas”, declaró el alcalde de La Paz, Iván Arias, en conferencia de prensa.
La situación en esa vecindad, cuyas edificaciones están construidas en una zona de geología inestable, es similar a la de Takoloma, al sudeste de la ciudad de Cochabamba, donde el mes pasado más de 330 familias estaban a punto de quedarse sin viviendas debido a que estas se derrumban porque el terreno cede.
De igual manera que ocurre ahora en la zona San Isidro, de la sede del Gobierno, los damnificados de Takoloma reclamaban asistencia de la Alcaldía para superar los problemas de la pérdida de sus viviendas, que se desploman y fueron construidas sin la correspondiente autorización edil.
En Cochabamba, Takoloma no es el único barrio donde se registran derrumbes de viviendas que fueron construidas de manera ilegal en terrenos ocupados también irregularmente.
Hace un mes, luego varios días de lluvia, cinco casas sufrieron daños estructurales serios en la OTB San Pedro, de la zona Primero de Mayo, al sur de la ciudad. Un niño y una gestante resultaron heridos después de que un deslizamiento de mazamorra y piedras les cayera encima.
De un tiempo a esta parte se ha multiplicado la cantidad de personas que, incluso a sabiendas, se dedican a violar la ley, a tono con la canción ochentera. Los efectos de su descuido, de sus vulneraciones a las normas municipales se advierten cuando la naturaleza se desborda, como está pasando ahora en diferentes partes del territorio nacional.
A eso hay que sumarles los avasallamientos de tierras y la construcción de viviendas en terrenos sobre los que no se tiene derecho propietario, con la confianza de que este será conferido por la fuerza de las medidas de presión. Debido a que se está violando la norma, los barrios que aparecen sin planificación alguna son los más expuestos a sufrir los efectos de los fenómenos naturales.
Situaciones como esas evidencian una cultura de transgresión y oportunismo manifiesta no solo en circunstancias como estas, desdichadas para los ciudadanos irresponsables que las provocaron, sino también en instancias gubernamentales que no resuelven problemas cada vez más añejos.