La insoportable levedad de los festejos de la USFX

César Rojas Ríos 18/02/2024
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En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivían dos de los personajes más singulares, por su insapiencia considerable, su atrevimiento morrocotudo y su mediocridad sin par. Por azares del destino y los desatinos de la institución que presiden, les tocó en ley preparar el programa de festejos de su Mayor, Real y Pontificia por sus 400 años.

Lo primero que podemos decir de su Programa de Festejos, sin lugar a dudas la octava maravilla del mundo universitario, es que han logrado ensamblar con determinación, logrado talento y agudo sentido histórico, un arma de destrucción masiva de todo aquello considerado valioso, científico y académico.

El evento inaugural inició con las palabras de su Excelentísimo Número Uno, quien da la pauta de lo que sobrevendrá al presentar el Programa de Festejos en una “pequeña conferencia de prensa”. De ahí en adelante todo lo que viene tiene ese tamaño: “pequeño”, minúsculo, diminuto. Se requiere encoger la mente a escala microscópica para captar las propuestas en su magnitud molecular (¿o se trata del calentamiento global que está friendo los cerebros?, ¿o se trata de una confabulación artera de las universidades competidoras que quieren sumir en el oscurantismo a la Mayor, Real y Pontificia por los siguientes cuatro siglos?, ¿o es la falta una lecturita, así hubiera sido en edición de bolsillo, del “Así habló Zaratustra”, que contagia un cierto sentido de la grandeza o por lo menos de una austera dignidad?). 

─ Seré franco con Ud., querido lector, nunca vi nada semejante. Mire, estamos hablando de 400 años de vida académica y científica, o sea, la friolera de c-u-a-t-r-o-s-i-g-l-o-s, y disque tienen 197 actividades por ejecutar a lo largo del año que no hacen ni al dedo gordo de un solo curso de verano anual que organiza la Universidad Complutense de Madrid, donde se dan cita más de 2.000 estudiantes de 20 nacionalidades, 800 ponentes internacionales expertos en sus especialidades y la presencia de más de una veintena de premios nobeles en distintas disciplinas. Y todo se desarrolla en un único mes intenso en El Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial (aunque para consuelo y regocijo universitario, traerán a 50 tunos de la castellana España, que cantarán, bailarán y… expondrán en el pleno del Paraninfo la ciencia de la mandolina y la historia de los tunantes).

En ese Programa-Menudito que prepararon con espíritu carnavalero y como si fuera para la alcaldía de una provincia recóndita, hay de todo: feriados, construcción de un parquecito, desfiles, iza de la bandera, ofrendas florales, paseos turísticos, entrada folclórica, un Congreso Latinoamericano de Alimentos Ancestrales y cenita de honor. Todo bien picadito, revuelto, culinario y ocurrente, y donde apelando a una de las leyes de la dialéctica, por arte de birlibirloque, lo cuantitativo transforma su cualidad, o sea, lo mucho (las 197 actividades) se transmuta en excelencia. Entonces ya todo da lo mismo, enseñar un descubrimiento científico que encabezar un desfile institucional hacia ninguna parte, presentar una teoría disruptiva que una serenata para deshojar margaritas o anunciar al mundo una tecnología innovadora que promover una furia del libro, perdón, feria del libro (donde los menos, son los de los propios docentes, y donde ni siquiera el Excelentísimo Número Dos, abocado por definición a lo académico y científico, presentará un tratado sobre la cuádruple raíz del principio de la mediocridad suficiente).

─ Querido lector, revise ese programa. Tómese su tiempo, lea y ría, ría y léalo, sobre todo si tiene niños en edad escolar, para mostrarles el camino que no se debe seguir en la vida si no se quiere terminar entre el Ser y la Nada. Y que una repartija de medallas, así sea con la efigie de Juan de Frías Herrán, no se deben comprar jamás. Uno se la debe ganar, en una universidad que se precie, haciendo ciencia pura y aplicada. Entonces más vale una medallita de la Alasita que una acuñada en el bronce de la banalidad y que se comprará alguno que otro despistado, infaltable en este tipo de menesteres ‘summa cum laude’. 

¿Y la invitación al Papa para que se haga parte de los festejos de la Mayor, Real y Pontificia? Ni papa ni chuño ni garbanzo. ¿Y la invitación a los Reyes? Ni reyes ni príncipes ni florituras parecidas. Eso sí, un sabroso viajecito al Vaticano con escala en la moza España. Así están y sus Excelentísimas piensan que están bien. No señores, están muy bien en la Universidad de las Maravillas de esta y las galaxias circundantes, y se hacen merecedores de pasar al Libro Guinnness. Ud., querido lector, diga a título de qué. [Continuará]

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