Relaciones con Perú

EDITORIAL Editorial Correo del Sur 29/07/2024
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La hermana República del Perú festejó este domingo el día central de sus fiestas patrias. Aunque conmemora su declaración de independencia, proclamada por José de San Martín el 28 de Julio de 1821, no utiliza oficialmente ese nombre para su celebración. Quizás se deba a que, en los hechos, y pese a los triunfos de San Martín, Perú no recuperó totalmente su independencia en esa fecha por cuanto esta fue lograda posteriormente, con la campaña militar desplegada por el ejército colombiano encabezado por Simón Bolívar y ejecutada por Antonio José de Sucre.

La historia de Bolivia y Perú ha estado vinculada en ciertos periodos, pero no a lo largo de su historia común. Son esos vínculos los que mueven a decir, en ese país, que ambos tienen un origen conjunto.

El territorio hoy boliviano formó parte del Tawantinsuyu, un gigantesco Estado, que muchos llaman imperio incaico, que abarcó 2.500.000 kilómetros cuadrados, pero lo que pocos dicen es que este se formó por la fuerza, sobre la base de invasiones de los incas a territorios vecinos. La invasión a esta parte del continente es de tiempos de Tupaj Inca Yupanki, entre 1471 y 1493, así que no se puede hablar de un mismo origen. Esa dependencia terminó en 1532, cuando Pizarro conquistó el imperio incaico con la ayuda de muchos de los pueblos que habían sido sometidos por los incas, incluyendo los de esta parte del Titicaca.

La siguiente relación es la del Virreinato del Perú, creado en 1542, y del que dependió Nueva Toledo, que luego se llamó Real Audiencia de Charcas, hoy Bolivia. Esta dependencia duró hasta 1776, cuando se creó el Virreinato del Río de la Plata y Charcas pasó a depender de este.

Ya en la República, Perú invadió Bolivia dos veces. La primera vez fue en 1828, cuando estalló el motín del 18 de abril de ese año en contra del gobierno de Antonio José de Sucre, y, en tiempo de Andrés de Santa Cruz, se creó la Confederación Perú-Boliviana, que apenas duró tres años, de 1826 a 1839.

Con esas simples menciones se puede ver que el origen común no existe. Perú y Bolivia tuvieron periodos de existencia conjunta, pero obligados por las circunstancias y, finalmente, llegaron hasta nuestros días como países con desarrollos diferentes.

El argumento del origen conjunto es el que esgrimen los peruanos para justificar el robo del patrimonio cultural boliviano que se ha multiplicado en los últimos años, especialmente a partir del Departamento de Puno, con el obvio respaldo de sus autoridades regionales y nacionales. Curiosamente, y pese a los constantes reclamos de gestores culturales y folkloristas, los gobiernos bolivianos de los últimos años nunca presentaron quejas formales a sus similares de Chile y Perú por lo que se presenta como una clara apropiación indebida de manifestaciones culturales con origen en nuestra patria.

Sabina Orellana Cruz fue ministra de Culturas, desde noviembre de 2020 a marzo de 2024 y, durante ese tiempo, nunca asumió una sola acción formal de defensa del patrimonio boliviano apropiado por Perú. En octubre de 2021, incluso se realizó, en La Paz, una reunión de gabinete biministerial con su entonces colega de Perú, Andrea Gisela Ortiz Perea, pero no se tocó el tema de la apropiación de las danzas. 

En octubre de 2021, el entonces presidente del Perú, Pedro Castillo, visitó Bolivia y se entrevistó con su homónimo boliviano Luis Arce. Los acuerdos a los que se arribó estuvieron centrados en cuatro ejes de trabajo destinados a “mejorar las condiciones de vida de los pobladores que viven a ambos lados de nuestras fronteras”. Al concluir el encuentro binacional, los ministros de ambos países firmaron 10 documentos, pero ninguno referido a la apropiación del patrimonio cultural boliviano.

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