A pesar de todo

EDITORIAL Editorial Correo del Sur 29/11/2024
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Este viernes, el diario de la Capital, CORREO DEL SUR, alcanza sus 37 años de existencia. La conmemoración llega en momentos difíciles para el país y, consiguientemente, para la empresa que lo edita, pero eso no es motivo para declinar en los propósitos con los cuales nació en el ya lejano 1987.

Cuando se proyectaba su lanzamiento, el periódico era una necesidad, puesto que Sucre había perdido su memoria escrita, pero también era un sueño. Sus impulsores tenían la ilusión de constituir una empresa que no solo cubra sus costos, sino que rinda los dividendos suficientes como para practicar una auténtica justicia social con quienes iban a ser sus trabajadores.

Desde que apareció el primer periódico boliviano, El Chuquisaqueño, la prensa cumplió un rol determinante en la vida nacional y es por eso que los años en los que no circulan impresos son considerados oscurantistas. Los investigadores pueden dar fe de eso cuando buscan datos de una fecha determinada y no los encuentran porque entonces no había periódicos.

Hace 27 años ocurría precisamente eso: la crisis económica había motivado el cierre de los periódicos existentes, así que la historia de la Capital era narrada, diariamente, solo por las radioemisoras, pero, con excepciones que confirman la regla, esa es una historia que no se conserva.

Desde que CORREO DEL SUR salió a las calles, su historia es recogida y narrada diariamente: la capital de Bolivia había recuperado su memoria.

Durante varios años, el periódico ocupó espacios alquilados en la calle Arenales en un periodo en el que comenzó a experimentar sus primeros cambios: pasar de las máquinas de escribir a las computadoras y de la tipografía a offset para llegar hasta el trabajo casi automatizado de hoy en día. Fue en ese tiempo que comenzó la expansión con la habilitación de una corresponsalía en Potosí.

El cambio más importante fue el de su formato, que pasó de estándar a tabloide, con la introducción del color. Al mismo tiempo, el periódico se mudó de la calle Arenales a sus actuales oficinas de la calle Kilómetro 7, en la esquina del Parque Bolívar. El cambio era posible debido a que el periodismo boliviano había llegado a su auge gracias al apoyo que recibían los medios privados por parte de anunciadores públicos. Fue el tiempo en que se pudo llegar a cumplir el sueño de la justicia social, puesto que fue posible pagar salarios justos a los periodistas y desarrollar un periodismo de calidad, ya que hasta se pudo contratar a técnicos del exterior para que estos guíen los cambios.

Gracias a ese moderado auge se pudo dar paso a otros emprendimientos periodísticos como la aparición del diario El Potosí, que también permanece hasta hoy.

Entonces llegó la epidemia, pero no de covid-19, sino de asfixia económica. Un Gobierno con vocación totalitaria decidió suspender toda la pauta publicitaria para redistribuirla entre sus acólitos y quienes le hacían barra; es decir, los que practicaban la adulación, no el periodismo.

Esta situación no cambió ni siquiera con un nuevo gobierno, puesto que el de Jeanine Áñez mantuvo la política de su antecesor en cuanto a avisaje se refiere. La pandemia, por tanto, solo fue el corolario de una situación difícil que el confinamiento terminó de agravar.

Económicamente hablando, los periódicos que salieron de la pandemia nunca pudieron recuperarse y su actual condición es de sobrevivencia.

Muchos tiraron la toalla, pero otros, como el que ahora cumple 37 años de vida institucional, decidieron permanecer, a pesar de todo, para seguir sirviendo al pueblo del que se han convertido en su vocero. Por tanto, lo que corresponde no es felicitar, sino agradecer por este sacrificio. Cuando se entienda lo que realmente está pasando, entonces vendrán tiempos mejores.

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