Casa quemada

Monica Briançon Messinger 26/08/2025
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“Nos agarró a patadas el fuego, nos correteó por todo lado. Combatimos hasta casi las 11 de la noche desde las 12 del mediodía. Tengo personal con baja, entre ellos yo. No se podía ver a un metro, por el humo acompañado del calor el viento caliente y el piso que quemaba las botas.

Aun así, todos pusimos nuestro esfuerzo. Y se logró controlar en gran medida” – dijo el amigo bombero – a la abeja sobreviviente. Pero ella le comentó, con sus alas chamuscadas, que apenas tuvo suerte.

“Para nuestra colmena este incendio fue el fin, sólo sobreviví yo, pero dudo vivir más tiempo, sin alas útiles estoy condenada a morirme de hambre y sed”, afirmó con tristeza.

Para que lo sepas, amigo lector, las abejas son responsables del 70% de la polinización mundial, su desaparición implica la pérdida de alimentos esenciales, afecta a la seguridad alimentaria y a la subsistencia de muchas especies animales, además de causar un desequilibrio general en la vida del planeta.

Pero esto les vale 57 hectáreas de berenjena a los amantes de los “incendios controlados”, con la venia de las leyes y autoridades que “autorizan” esta macabra forma de “limpiar el suelo”. Curiosamente, Ni Tuto ni Rodrigo tienen planes para salvar al país de los incendios. Sólo fíjate quiénes los acompañan y promocionan el agronegocio con fuerza.

De hecho, se ha instalado en la agenda nacional, la insensata narrativa que entre julio y octubre “es temporada de humo”, como si fuera normal. Como decir que es temporada de lluvia o de vientos. El humo no es normal, menos aún los incendios provocados que terminan por validar la “ampliación de la frontera agrícola” y otros eufemismos que lees a diario, y los aceptas alegremente, sin saber que debajo de esas palabras, yacen un bosque chamuscado.

A más incendios, más pasto, menos árboles, menos abejas, menos vida diversa, pero si más vacas gordas, mayor PIB inflado porque “hay crecimiento”, porque “estamos exportando carne a la China”. Curiosamente, muchos colegas del oriente, que aplauden la frase de la “locomotora del país” para hablar de un modelo económico en particular, se olvidan que las locomotoras echan humo por donde van.

Ya estamos cansados de los “basta”, de las campañas “de ayuda” que terminan por atender lo urgente, y nunca lo importante. Para que lo sepas, ninguna persona está detenida en este momento por causar incendios, ninguna ley fue derogada, y las pausas ambientales, son lindos titulares en el papel. Se me ocurrió que, en medio de tanto afán político, podríamos pedir que los flamantes diputados uninominales donen su salario y su bonito de té a los bomberos cada vez, pero creo que hay algo más que debes saber.

“Se puede criar ganado y cuidar el bosque al mismo tiempo. La clave está en cambiar el cómo. Apostar a sistemas que usen el forraje nativo, que respeten los ciclos del suelo y que escuchen a quienes viven en el territorio. No es un invento, ni una tendencia: es una necesidad”, señala la revista Nómadas en su edición del 15 de agosto.

La nota destaca la firma de la alianza por la Sostenibilidad del Sistema Ganadero de Bosque, entre Bolivia, Argentina y Paraguay, porque se trata de un compromiso con una producción ganadera responsable, capaz de mantener el bosque vivo y en pie, sin deforestarlo. Un modelo que une conservación y producción, que impulsa el bienestar de las familias rurales y que salvaguarda los ecosistemas del Chaco.

El ambientalista colombiano Nicolás Ibarguren señala que “cuando talamos cientos de miles hectáreas de las selvas el PIB sube y mientras más destruimos los sistemas que generan alimentos, el PIB sigue subiendo”. De ahí que el PIB sea un indicador maligno.

No es posible que economistas, legisladores, sindicalistas y empresarios promocionen el crecimiento infinito en un planeta finito.  ¿Tuto o Rodrigo traen soluciones a este tema? ¿Más allá de la miopía fanática de sus seguidores, podrán pedir / demandar que se manifiesten sobre tema? ¿Seguiremos llenando de promesas y palabras cuando el fuego arrasa con lo poco que todavía nos hace un país rico? ¿Nos contentaremos con decir que “el MAS ya no más” y seguiremos mirando al costado cuando llegue el humo a tu ciudad porque tu senador libre está a favor del agro?

O tal vez, podemos ser más honestos como país, y admitir que amamos el fuego, y nuestra vocación piromaníaca hace que nos indigne más perder un partido de fútbol con la “verde” que perder 10 millones de hectáreas con el verdadero “verde”, ese que tanto enseñamos a los niños, cuando mostramos la tricolor.

Tal vez podríamos cambiarlo por color “gasolina”, color “panales quemados” o color “hipocresía”, y así dejamos de jugar con la vida de los valientes bomberos que se sacrifican VOLUNTARIAMENTE por este trabajo, y empezamos a usar técnicas agropecuarias del siglo XXI, dejando, por un rato, la edad media en que tanto nos gusta vivir.

 

La autora es periodista

 

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