Un día para la dignidad

EDITORIAL Editorial Correo del Sur 26/08/2025
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Considerado inicialmente como “Día del Anciano”, el 26 de agosto fue rebautizado como “Día de la Dignidad de las Personas Adultas Mayores” mediante la Ley 369 promulgada por Evo Morales el 1 de mayo de 2013.

Siguiendo la normativa, una vez al año se habla de los adultos mayores con romanticismo. Se los ve como los cariñosos abuelos que aman y miman a los nietos, y a estos como los que aprenden de la sabiduría de los mayores. La realidad cotidiana desportilla esa imagen y desnuda el abandono en el que viven miles de personas de la tercera edad en Bolivia. Y esto no solo se refiere a la desprotección de su salud y bienestar, sino también a la forma en que los más jóvenes se relacionan con ellos y ellas.

De acuerdo con las proyecciones del Instituto Nacional de Estadística (INE), para el año 2030 el 11,5% de los habitantes tendrá más de 60 años y formará parte de esta población. Y, por lo menos hasta estas alturas, ningún boliviano bien informado negará que la estructura social no está preparada para garantizar bienestar a estas personas.

Para empezar, debido a que más del 60% del empleo en el país está en la informalidad, hay escaso aporte a los fondos de jubilación, lo que resulta en que el año 2030 vamos a tener adultos mayores sin ningún tipo de ingresos.

Ahora mismo, las rentas jubilatorias son bajas en relación con los aportes generados durante toda la vida laboral y hay adultos mayores que acceden mensualmente a montos inferiores al salario mínimo nacional.

Por otro lado, el sistema de salud no está mínimamente preparado para atender a la población mayor que, por la edad, padece enfermedades crónicas.

En los hechos, los seguros públicos carecen de medicamentos y prestaciones para ellos, aunque en la teoría se diga lo contrario; en tanto que los seguros privados no tratan igual a las personas mayores: o la cobertura se reduce al 50% de los costos de los servicios médicos o directamente no son admisibles para estas empresas. Todo esto implica que mantenerse saludable se hace prohibitivo a medida que pasan los años.

A nivel privado y de sociedad civil, son muy escasas las actividades de ocio para las personas de la tercera edad. En cambio, en otros países hay clubes de lectura, centros de capacitación, entretenimiento y hasta espacios de baile donde se interrelacionan y pasan sus días.

No se debe olvidar que, a medida que pasan los años, el cuerpo se deteriora, pero la mente no necesariamente. A ello se suma que los más jóvenes desprecian a quienes ya no tienen una vida productiva, sin tomar en cuenta cuánto dieron a lo largo de toda su vida, así que existe el agravante del maltrato sicológico y físico.

La oficina del Defensor del Pueblo reporta, periódicamente, o por estas fechas, denuncias de vulneraciones de derechos humanos que tienen como víctimas a personas adultas mayores. El derecho más afectado es el de la vejez digna y el segundo, la afectación a la propiedad individual y patrimonio. En tercer lugar figura el derecho al debido proceso, lo cual pone en el ojo de la tormenta al sistema judicial.

La condición en que ahora viven los adultos mayores puede ser la misma que tocará a los que ahora son hijos y nietos. Con virtudes y defectos, esta población contribuyó al país y a la familia, por lo que mínimamente merece respeto y consideraciones que les garanticen dignidad en la etapa vital que les toca.

Que el Día de la Dignidad del Adulto Mayor sirva para reflexionar y mejorar la conducta con los padres y los abuelos.

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