Tal vez últimamente te sientes raro. Como si algo dentro de ti no encajara. Como si estuvieras agotado sin razón, con la mente saturada y el corazón en pausa. Haces lo que tienes que hacer, respondes, cumples… pero por dentro estás luchando una guerra silenciosa que nadie nota.
¡Has pasado por tanto! Y, aun así, aquí estás. Te has caído más veces de las que quisieras recordar y cada vez has tenido que recomponerte a solas. Te has quedado despierto con pensamientos que no puedes explicar. Has sentido el vacío de no reconocerte en el espejo. Has estado al borde. De rendirte, de apagarlo todo, de simplemente desaparecer.
Pero sigues aquí. Y eso importa más de lo que crees.
Porque hay una fuerza dentro de ti que, aunque a veces se esconde, nunca te ha abandonado del todo. Esa parte que se levanta aun cuando no tiene ganas. Que respira hondo y sigue, aunque no sepa a dónde va. Que, incluso rota, decide avanzar.
Tal vez no lo veas ahora, pero cada caída ha traído consigo algo nuevo: una lección, una cicatriz, una versión más fuerte de ti. Ya no eres quien fuiste, y eso está bien. Has cambiado. Has madurado. Has sobrevivido a noches que casi te destruyen.
Y eso es valiente.
Porque nadie te enseñó cómo levantarte cuando todo se cae dentro. Lo hiciste tú. A tu ritmo. A tu manera. Y eso tiene un valor inmenso.
No necesitas que todo esté bien para empezar de nuevo. Solo necesitas decidir que no te vas a quedar ahí abajo. Que no importa cuántas veces te caigas. Mientras te levantes con una nueva mirada, con una voluntad distinta, con más amor por ti, todo es válido.
No estás fallando por sentirte cansado. No estás mal por necesitar un respiro. No es una mala vida, es solo un mal momento. Y tú no estás roto, estás en proceso.
Tal vez hoy no lo veas, pero estás construyendo una nueva versión de ti. Una más fuerte, más despierta, más real. Y ese proceso duele, pero también libera.
No te rindas contigo. No dejes que un mal día defina tu historia.
Mientras sigas respirando, tienes el poder de cambiarlo todo. Mantente firme. Mantente duro. Aún hay esperanza, y está dentro de ti.