Seamos honestos: los candidatos a la Alcaldía de Sucre y a la Gobernación de Chuquisaca son un desfile de conversos reciclados, donde todos llevan los mismos trajes, repiten los mismos discursos y prometen milagros que ni ellos se creen. No hay liderazgos emergentes, y eso no es casualidad: los nuevos rostros no tienen entrada, las nuevas ideas no tienen micrófono, y la política se parece cada vez más a un álbum familiar donde todos se miran en el espejo del poder y se dan palmadas en la espalda. Sucre debe ser el único caso donde la sobrina quería reemplazar a la tía, el hijo al padre, simulando antagonismos en una dinastía que recibió un duro revés en los comicios nacionales.
¿La culpa? Ah, esa pregunta que quema. De los partidos políticos, que funcionan como incubadoras de clones; y de las logias, que no solo manejan la política como un Monopoly, sino también controlan medios y espacios públicos, porque “Logias” no solo hay en las instituciones, sino también en los grandes medios de comunicación, quienes promueven siempre a los mismos, dejando que lo nuevo se estrelle contra un muro invisible. Así se impide que surjan cuadros frescos, y se consolida un teatro donde los actores son siempre reciclados y la trama es idéntica desde hace décadas.
El resultado es grotesco: “grandes analistas”, “grandes doctores”, “encantadores de serpientes”, que son excandidatos disfrazados de expertos, académicos que parecen promocionados por un departamento de marketing político, y medios que construyen oligopolios de protagonismo.
“Pensamos diferente, pero queremos lo mismo”, la banalización de la política en el inicio del tercer siglo del país donde incluso ortodoxos e institucionalistas tienen que justificar las aberraciones verbales de sus candidatos. Me causa gracia particular cuando los conversos emergentes del “masismo”, y del “promasismo”, critican al régimen caído como algo ajeno.
Que no se enoje nadie, pero a estas alturas nos toca tragarnos al sapo vestido de príncipe y elegir entre lo malo y lo peor. Porque si decidiéramos votar solo por candidatos que jamás tuvieron una vinculación con el MAS, nos quedaríamos mirando la papeleta en blanco, como quien llega tarde al velorio: todos, con alguna discutible excepción, tuvieron relación con el poder. Tal vez no partidaria, pero sí recontrapolítica, de esa que se practica en pasillos, sobremesas y llamadas discretas que nadie confiesa, que bien podríamos revelar.
Esto es Sucre en el inicio del tercer siglo. Sistemas políticos cerrados, donde las logias funcionan como aduanas del poder; nadie entra limpio y nadie sale inocente. La política deja de ser una competencia de ideas y se convierte en una red de vínculos, favores, silencios y lealtades cruzadas. Por eso los liderazgos “nuevos” son casi siempre viejos conocidos con traje recién planchado.
Y ahí está la trampa: el ciudadano no elige entre proyectos, sino entre biografías administradas por el mismo ecosistema de poder. Los medios, las logias y los partidos ya hicieron la preselección. A uno lo inflan como “el técnico”, al otro como “el académico”, al tercero como “el antiMAS”, al otro como “anticorrupción”, pero todos comparten un mismo cordón umbilical con el sistema que dicen querer cambiar.
Así, la democracia en Sucre y Chuquisaca se parece cada vez más a un menú sin opción vegetariana: puedes escoger entre carne vieja o carne recalentada, pero nunca algo realmente distinto. Y después nos preguntamos, con una mezcla de ingenuidad y cinismo, por qué no aparecen liderazgos nuevos.
Tal vez porque, antes de que puedan hablar, ya alguien les cerró el micrófono. Y recuerden, amigos, la única logia de Sucre, que realmente vale la pena, no reparte candidaturas en servilletas: es “La Logia” del inefable Pepe, una banda de rock sucrense que al concluir esta lectura te invito a escuchar.