No hay mal que dure cien años

Lilian Acosta Rodríguez 16/01/2026
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La noticia de la pérdida de la personería jurídica de ADN (Acción Democrática Nacionalista) ha debido sorprender a muchas personas de las generaciones de los años 50 y 60, que vivieron y padecieron el yugo del gobierno de Hugo Banzer Suárez, el militar dictador de los años 70 en Bolivia. Cómo olvidar el nefasto 21 de agosto de 1971, cuando el entonces coronel daría un golpe de Estado acribillando a quien se le pusiera enfrente.

Encaramado en el trono, ejerciendo poder absoluto y sintiéndose dueño del país, dejó atrás la Reforma Agraria sin grandes terratenientes para hacer repartija de tierras a los afines a su gobierno en el oriente boliviano, generando una nueva casta privilegiada durante los años 80 y 90. Esta apoyó la osadía de armar su propio partido político para, entre prebendas y alianzas con otros partidos –que habían construido un puente para cruzar los ríos de sangre–, permitir su triunfo en elecciones nacionales. Finalmente, se encumbró sobreprotegido a ejercer un gobierno “demócrata” con el liderazgo y supremacía de su partido (ADN, 1997-2001).

Muchos de los que padecieron represión, encarcelamiento y torturas durante tantos años, ya no están para relatar todas las atrocidades cometidas por la dictadura militar de Banzer. Si bien el resentimiento colectivo ha quedado en el olvido y se fue con las víctimas, o con los que partieron de esta vida, la memoria de los pocos que quedan no olvida.

Están en los anales de la Historia datos recopilados de 468 asesinados, 150 desaparecidos, más de 1.000 presos políticos, 667 exiliados durante la dictadura, además de la ‘Operación Cóndor’ con 38 asesinados, 219 desaparecidos, 12 niños robados y 36 ciudadanos trasladados entre los países que con sus regímenes militares: Argentina, Chile (con Pinochet), Paraguay, Uruguay, luego Ecuador y Perú, orquestaron el denominado ‘Plan Cóndor’. Reunidos, establecieron las reglas y procedimientos de represión y terrorismo de Estado no solo contra guerrillas armadas y la resistencia izquierdista, sino contra cuanta persona pareciera oponerse al régimen militar y dictatorial.

Al escuchar la noticia de la eliminación de la sigla, no pude evitar el pensamiento inmediato de “¡al fin…!”, recordando aquella infancia de sufrimiento con el padre tras rejas y forzado al exilio que seguramente muchos vivieron durante esos años. 

Fue inevitable recordar a personajes notables, intelectuales que sometidos a masacre sobrevivieron de milagro. ¿Un ejemplo? Nilo Soruco Arancibia, profesor, poeta, compositor musical e intérprete de las canciones que, con la poesía de Oscar Alfaro, son las más representativas de su chura Tarija; fue reconocido sindicalista de la Confederación del Magisterio Nacional de Bolivia. Como anécdota personal, recuerdo que él, estando en la clandestinidad en La Paz poco antes de su aprehensión, buscó a mi padre, su colega, llevando en mano un pequeño y delgado libro titulado “Cien poemas para niños”, de su guía Oscar Alfaro, dedicado a la niña que con cariño lo llamaba tío. Librado de la persecución política, habría de vivir inválido, marcado por las secuelas de las torturas, un mártir más de las dictaduras militares. Quedarían para el recuerdo sus hermosas y poéticas canciones.

Vienen también a la memoria nombres e historias varias de hombres preclaros, profesionales de renombre y una pléyade de políticos probos, de los que ya no hay, víctimas de la masacre entonces. Han quedado de ellos un sinnúmero de obras literarias, musicales y hechos que la Historia narra.

Para los que quedamos con ese recuerdo, no es simplemente una sigla que se borra, es el último vestigio de un ciclo nefasto que duró más de 50 años para fenecer.

 

* Es economista y socióloga.

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