Reducir el conflicto

EDITORIAL Editorial Correo del Sur 25/01/2026
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Este fin de semana ha comenzado, en La Paz, la Feria de la Alasita, una manifestación cultural que fue inscrita en la lista del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Unesco en 2017 con el nombre de “Recorridos rituales en la ciudad de La Paz durante la Alasita”.

La característica de este patrimonio es la miniaturización; es decir, la oferta de objetos en miniatura y todo lo que eso conlleva, como el uso de diminutivos y los sufijos –ita, -illa, –ito e –illo. Así, se puede conseguir casitas, autitos y hasta titulitos profesionales, amén de los periodiquillos, que se han convertido en toda una tradición de las ferias grandes de alasitas.

Los investigadores afirman que la miniaturización es el método que se utilizó en tiempos prehispánicos para llevar las “wakas” a los hogares. Las “wakas” eran lugares sagrados, como montañas y lagos, que en ocasiones eran considerados deidades. Así como ahora conservamos fotografías de lugares y personas, nuestros ancestros recurrieron a la miniaturización para representar a las “wakas” en tamaño pequeño y llevarlas a sus casas. Las miniaturas recibieron el nombre de illas, que de inmediato recuerdan a uno de los sufijos. Con el paso de los años, las illas fueron mutando y pasaron de ser representaciones en miniatura a tesoros. De hecho, ese es el significado que se encuentra para “illa” en los diccionarios bilingües de Ludovico Bertonio y Diego Gonzáles Holguín. Posteriormente, las illas pasaron a ser portadoras, o envases, de aspiraciones o deseos.

El pretender ser algo que no se es le da a este patrimonio un indudable rasgo espiritual y, en ocasiones, de catarsis. Quien aspira a tener una casa, o un automóvil, adquiere las miniaturas porque pretende ser propietario. Lo mismo pasa con los títulos profesionales, puesto que quienes los compran son los que buscan alcanzar un grado académico. Por eso, también, hay ceremonias en broma, como los matrimonios, protagonizados generalmente por parejas que pretenden casarse.     

Esta búsqueda de ser lo que no se es explica, también, la vigencia de los periodiquillos de alasitas. No solo son periódicos en pequeño, sino que su contenido es jocoso y se caracteriza por presentar noticias en broma. Lo que ocurre es que los periódicos, cuyo fin es la verdad, se liberan cuando sacan estos productos en broma, puesto que dicen lo que no pueden decir en sus versiones en serio. Es, por tanto, un acto de liberación o una catarsis para quienes se esfuerzan en presentar un periodismo responsable y serio el resto del año.

Hay Alasitas en gran parte del país, y en diferentes fechas, pero la inaugurada este fin de semana en La Paz tiene una característica diferente: casi al terminar el año pasado, se confirmó que hay ciudades peruanas en las que se realiza una feria de miniaturas, con “iqiqu” o “ekeko” incluido, pero presentándolas como originarias de ese país y el nombre de Alacita, con “c”.

Todavía no queda claro si el uso de la letra “c” es consecuencia de un desarrollo cultural diferente, un intento de diferenciarse del patrimonio boliviano o simplemente un error ortográfico, puesto que el nombre de Alasita, con “s”, está incluido en el Diccionario de la Lenguas Española con el significado de “feria artesanal”. Lo cierto es que esto se suma a las decenas de reportes de apropiación de elementos culturales bolivianos por parte de algunas ciudades del Perú.

Las cosas han llegado a un punto que el gobierno no puede seguir ignorando la controversia. Eso sí, hay que ir por la vía diplomática. Si este es un problema grande, hay que reducirlo, miniaturizarlo, para llevarlo a la mesa del diálogo.

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