La vorágine de cambios políticos a nivel global de los últimos años y los recientes en América nos lleva a reflexionar sobre las diversas características que la “izquierda” y la “derecha” fueron adoptando en el transcurso del tiempo en diferentes circunstancias políticas, económicas y sociales, según latitud geográfica, con matices diversos que nos lleva a pluralizar su denominación en “izquierdas” y “derechas”. La multiplicidad está dada por la heterogeneidad de respuesta de los países a la conflictividad política en el marco incidente de las crisis globales (económicas, sociales, sanitarias, climáticas, geopolíticas y otras).
La interrelación de las diferentes crisis, denominada “policrisis” en el informe de Riesgos Globales del Foro Económico Mundial (Davos 2023), ilustra cómo el mundo encara los nuevos desafíos. En la dinámica sociopolítica y económica, los países se van reconfigurando y cambia la interacción en sus estructuras sociales. En Bolivia, pese a los cambios políticos, se mantiene el fenómeno disruptivo de polarización política y social con una permanente amenaza a la estabilidad democrática.
Muy lejos queda el origen definitorio francés de la “ancien régime” donde la izquierda y la derecha dependían de la ubicación de los asientos de jacobinos y girondinos en la Asamblea Constituyente de Francia. Sería en la evolución ideológica donde la izquierda estaría asociada a la igualdad social y derechos humanos y por otro lado la derecha asociada a la tradición, orden y conservación. La evolución de ambas corrientes pasó de un espectro político unidimensional a una gradación ideológica definida entre ambos extremos: Izquierda>Comunismo~Socialismo~Liberalismo~Conservadurismo~Facismo<Derecha
Distinguir entre ambas líneas políticas no es tan fácil como usar una regla mnemotécnica para diferenciarlas, es complicarse en el carácter cíclico de su desarrollo. En Economía como disciplina, se puede identificar la subida y baja de ciclo en función a parámetros e indicadores relacionados, o referirse a la ciclidad keynesiana donde claramente se ubican la riqueza en la cúspide de un ciclo y la pobreza en la baja. En Política, el ciclo es por turno, es pasar del auge al agotamiento, pero complejizado en la correlación con la economía y con muchos otros factores difícilmente previsibles. Se da una multiplicidad de espectros complejos que difícilmente pueden ser catalogados. Esta evolución es de extenso análisis revisando episodios históricos que la ejemplifican.
Limitándonos a ver la interacción social cotidiana y sin profundizar en la narrativa histórica, decir de izquierda o derecha en política, no es solo la forma de identificar inclinaciones ideológicas y diferencias de pensamiento, se convirtió en la forma más común y corriente de calificar –en sentido peyorativo– a cuanto disenso haya en la confrontación de ideas. Dependiendo del lado en que se esté, resulta fácil prejuzgar la inclinación política del contendor y acompañar la censura con la calificación de “zurdo” o “facho” que ya forman parte del repertorio lexicográfico coloquial para identificar al circunstancial opositor y desaprobarlo.
En el fondo, la desvirtuación de la izquierda y la derecha dio paso libre al centrismo, la postura ideológica de aparente política moderada, situada al medio, pero con un rango amplio de movilidad entre un extremo y otro en la temporalidad de su duración; adquiere matices políticos regionales propios que generalmente convergen en un centrismo populista.
El descontento colectivo ante situaciones de policrisis, condujo al desarrollo de un pensamiento direccionado por el derroche de información proporcionada por el Internet y la IA invasiva que obnubila fácilmente. Es el factor contribuyente al desarrollo del neopopulismo político que simplemente adopta antiguos dogmas en una simbiosis modernista de corrientes políticas opuestas.
Pareciera que las izquierdas y las derechas se estuvieran disolviendo y corrientes copiosas confluyeran hacia el centrismo. Obviamente, en su amplia versatilidad de acción, a muchos sirve de careta al oportunismo y para reacomodo funcional. El centrismo termina siendo la playa de surfing donde se busca equilibrio entre el vaivén de las olas. La distinción de los usuarios se ve en el slogan que usan, en las banderas que enarbolan por turno, más por conveniencia que por convicción.
Así vemos cómo el vaivén político adopta poses atractivas para captar el voto mayoritario mostrándose alejado de los extremos pero, dentro de un gran espacio que le permite rotar fácilmente de acuerdo a la conveniencia en el ejercicio del Gobierno, como herramienta de uso intermitente para acomodar la agenda a gusto del cliente.
Si la polarización fue conducente a un populismo marcado en algunas etapas históricas, ahora el neopopulismo se está anclando con la imagen de salvataje en la situación de crisis derivada de la política de los últimos años pasados.
La ambivalencia se acrecienta cuando se trata de cumplir con cánones externos de control hemisférico establecidos por los “dueños del mundo” que pugnan por un nacionalismo recalcitrante y usan la globalización como herramienta de control para beneficio propio. La izquierda vs. derecha se convirtió en una vieja letanía, se ve que ambas pueden vivir camufladas en un centrismo marcado.
* Es economista y socióloga.