El ministro de Economía y Finanzas Públicas, José Gabriel Espinoza, anunció en pasados días que el Gobierno hizo el más alto pago del servicio de la deuda externa: nada menos que 500 millones de dólares.
El informe fue ofrecido luego de la difusión de versiones en sentido de que las Reservas Internacionales Netas (RIN), custodiadas por el Banco Central de Bolivia (BCB), disminuyeron drásticamente. La proporción habría sido de 400 millones de dólares en divisas; es decir, en efectivo, que bajaron a solo 52 millones hasta el 20 de marzo del año en curso.
Espinoza admitió la disminución explicando que la diferencia entre lo que había y lo que ha quedado —348 millones de dólares— fue utilizada para el pago de la deuda externa. Se habrían agregado 152 millones para completar la cifra mencionada líneas arriba.
No es prudente cuestionar que se pague parte de la cuantiosa deuda externa boliviana, puesto que eso está directamente relacionado con la confiabilidad del país. Como se sabe, Bolivia ha ido subiendo algunos escalones en las calificaciones de riesgo desde que Rodrigo Paz asumió la Presidencia. Que se haya pagado parcialmente la deuda es una señal de confiabilidad que seguirá mejorando la imagen nacional en el exterior, especialmente ante los organismos internacionales de crédito: si un país es confiable, entonces se le puede prestar más dinero.
Lo que no queda claro es por qué no se informa de estos movimientos económicos que, como se puede ver en una reducción de 400 millones a 52 millones, impactan directamente en la estabilidad de un país que no termina de recuperarse de la crisis en la que cayó, precisamente, por malos manejos.
La gente tiene razón en desconfiar porque al anterior gobierno le faltó transparencia en el manejo de la economía. Basta recordar que el 7 de noviembre de 2025, es decir en el último año del gobierno de Luis Arce Catacora, se transfirieron 197 millones de bolivianos al Banco de Desarrollo Productivo Sociedad Anónima Mixta (BDP SAM), pero no se informó suficientemente sobre ese movimiento. Lo que se supo, a través de la agencia gubernamental de noticias ABI, es que era un “aporte de capital” para formalizar el mantenimiento del Coeficiente de Adecuación Patrimonial (CAP). Quizás por lo técnica, la explicación no fue del todo comprendida.
Ahora está pasando algo similar: se mueven grandes cantidades de dinero, pero no hay información oficial. No se puede negar que los manejos económicos de cualquier gobierno no constituyen material de información masiva, pero al menos deben ser comunicados mediante los canales establecidos. En lo que se refiere al Ministerio de Economía, no existe ninguna información sobre el pago de la deuda externa en su página web oficial donde, empero, se ha habilitado un contador de pagos públicos.
Confirmar que las reservas bajaron a solo 52 millones de dólares podría ser alarmante; entonces, es preciso aclarar que se trata solo de divisas. Las RIN tienen su principal fortaleza en las reservas de oro que el país tiene tanto en el territorio nacional como en el extranjero. ¿A cuánto ascienden esas reservas? El presidente del BCB, David Espinoza, dijo que están en el orden de los 3.500 millones de dólares. El dato podría tranquilizar, pero resulta que el titular del Banco Central ha planteado la necesidad de dolarizar parte de esas reservas; es decir, venderlas en dólares, para cubrir la escasez de esa divisa, algo que persiste en el país.