Lo bueno, lo malo y lo feo del 22M

PAREMIOLOCOGI@ Arturo Yáñez Cortes 30/03/2026
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Aunque en muchos lugares falta aún la 2dita, intento un balance del 22M a la vista fundamentalmente del desempeño del árbitro, es decir del Órgano Electoral, pues –aunque suene a cliché–, como de costumbre, desde el soberano dimos la talla. 

Empiezo resaltando qué tanto a nivel nacional como departamental los vocales eran pajaritos nuevos, pues tuvieron que asumir a caballo sus flamantes funciones con el proceso ya en curso; incluso en la sede, por los “errores” de su Asamblea Departamental, su órgano departamental no pudo constituirse antes de las elecciones. Con todo, pese a ese apuro y urgencia, en términos generales cumplieron con su rol pues el proceso y sus productos –con algunos problemas naturales en esas lides– se han desarrollado normalmente y aceptado por prácticamente todos.

Así las cosas, no cabe duda de que, entre lo bueno, la joya de la corona es el Sirepre (Sistema de Resultados Preliminares) que promediando las 21:30 del 22M mostró esos resultados preliminares con alto grado de confiabilidad, los que se fueron ratificando paulatinamente durante la semana en todas las cortes. Atrás quedaron esas vergonzosas épocas en que los sirvientes del tirano de Orinoca disfrazados de “jueces” hicieron de las suyas y sobrevivieron para contarlo (con la asquerosa lavada de diligencias de la Fiscalía). Golazo a favor del OEP, del sistema democrático y del país. ¡¡¡Bravooo!!!

Entre lo malo resalta –parte de la culpa la tiene la vetusta normativa que debe modificarse– el tema de las resoluciones de las impugnaciones por parte del Nacional. Por un lado, muchos tenemos dudas sobre la aplicación de la garantía de igualdad respecto de los habilitados o inhabilitados; sus tiempos (demasiado cerca al 22M), su interpretación disímil de la tan cacareada preclusión y hasta –eso dicen– la no notificación de sus resoluciones definitivas a los perjudicados; es decir, un muy cuestionado manejo de su rol de jueces electorales y sus procedimientos que por su naturaleza controvertida, debía de ser muy pero muy prolijo: el Juez no solo debe ser, sino debe parecer.

Ello incluye el papelón que el OEP hizo en la capital armando una minicumbre con algunos despistados del Órgano Judicial para –inaudito– acordar vulnerar la garantía de la tutela judicial efectiva de sus potenciales víctimas, de forma que sus futuras decisiones –buenas o malas– no puedan ser confutadas en vía constitucional. ¿Acaso ignoraban que el derecho al recurso y a la tutela judicial efectiva y oportuna forma parte del Debido Proceso y no puede ser derogado?

Finalmente, lo feo ha sido el grosero incumplimiento de los principios de la democracia intercultural del art. 2.l (publicidad y transparencia) y 4.g (derechos políticos en su vertiente de derecho a la comunicación y el derecho a la información completa, veraz, adecuada y oportuna) de la Ley No. 026 del Régimen Electoral (2010) respecto del principal instrumento con el que los ciudadanos ejercemos nuestro derecho político a participar en la conformación del poder público (art. 23.1.b de la CADH), es decir el voto; pues: a) las papeletas que los ciudadanos usamos el 22M no contenían la información suficiente para esa compleja votación (5 o más oportunidades), ya que no llevaban las fotografías ni los nombres de todos los candidatos (las mías en la capital solo tenían las de los candidatos a Alcalde y Gobernador, algunas de los asambleístas por territorio, ninguna de por población y peor de los candidatos a 1er. concejal). Había que tener muy pero muy buena memoria y estar realmente metido en la pomada electoral para recordar, por ejemplo, a quién querías votar de todos ellos; y b) el OEP no tuvo el cuidado de publicar en cada municipio en sus RRSS anticipadamente cómo iban a ser exactamente las papeletas que en cada caso nos encontraríamos ese día y, entonces, para cada votante ese instrumento fundamental fue una sorpresa en ese mismo momento. No cumplió con la elemental técnica de la familiarización previa de las papeletas electorales. Los ciudadanos acudimos a ciegas a ejercer nuestro derecho fundamental a elegir.

Probablemente eso, en parte, explique el elevado porcentaje de votos nulos y blancos; sin descartar que un buen porcentaje de esos votos haya obedecido al empute que sentimos muchos ciudadanos por la clase política boliviana. Con todo, el soberano se merece –peor si el Estado abusivamente nos obliga acudir a votar– que para ese acto vaya previa, completa y debidamente informado y no le meta nomás en muchos casos a la suerte, a la poca, buena o mala memoria que tenga, etc. 

Habrá que aprovechar que el OEP –luego de acabar el proceso de la 2da. vuelta– ingresará en un lapso de relativo descanso (no hay otros procesos a la vista por algunos años) para proponernos al soberano un proyecto de reforma de gran calado del régimen electoral además de trabajar en un nuevo padrón que despeje todas las dudas de los más desconfiados. Amanecerá y veremos…

Con todas esas luces y sombras, los ciudadanos bolivianos y su OEP dieron nuevamente muestra de voluntad para avanzar en la construcción de la democracia como obra humana perfectible, pero sobre todo sostenible en el tiempo y ojalá por los siglos de los siglos… “Todos los males de la democracia pueden curarse, con más democracia” (Alfred Emanuel Smith).

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