El falso debate de los salarios altos

EDITORIAL Editorial Correo del Sur 13/04/2026
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Eay un falso debate que el populismo, de izquierda y de derecha, eleva a menudo a la categoría de análisis y discusión, como si de ello dependiera la estabilidad del Estado. Se trata del debate de los salarios o, más específicamente, de los salarios de los que ganan “mucho”.

“Mucho” va entrecomillarlo porque, que un ministro gane 2.500 dólares al cambio oficial o un concejal más o menos 1.500, como un secretario de una Gobernación es, sin duda, un error de apreciación notable. O un expresidente.

El debate tiene que ver con la nueva política. Con esa política populista que mueve emociones, principalmente las más primarias; una de las cuales es la envidia.

Hay mucha literatura escrita sobre la teoría de los salarios, sobre eso de vender el tiempo y del valor que cada uno le da; también sobre lo que cuesta la responsabilidad, y, sobre todo, la productividad. ¿Cuánto se debe pagar a una persona que trabaja por tres y cuánto tiempo en realidad podrá hacerlo? Hay quienes consideran que un buen sueldo fomenta la vagancia por falta de incentivos —y señalan a los funcionarios públicos— y quienes ya han aprendido que trabajando nadie se hace rico.

Todos los salarios están al alcance de la demagogia. Los muy altos y los muy bajos; hay a quien le indigna más un salario mínimo de 3.300 bolivianos —algo más de 10 dólares al día— que el hecho de que un gerente de banco gane 15 veces más que un cajero sin colocar un solo crédito.

Hay una falla en el sistema: muchos prefieren que les bajen el sueldo a los que ganan mucho a que les suban a los que ganan poco. Siendo como son en el país, proverbialmente bajos.

Hay salarios que requieren de la observación general, porque son públicos. Obviamente un diputado, un asambleísta y un concejal representan la voluntad popular y deben tener una remuneración para dedicarse en cuerpo y alma a su trabajo, pero quien no pone una ley o está durmiendo en las sesiones debe dar explicaciones.

Hay quien dice que los salarios altos ahuyentan la corrupción, pero ha quedado mil veces demostrado que no es tan así. Hay quien dice que los salarios bajos la fomentan, porque “de algo hay que vivir”. Hasta hay quien tolera la coima del mal policía porque en los papeles gana poco. Hay quien se ha aprovechado de ciertas normas y ha convertido sus salarios en atracos. Pasa ahora en la COB, pasó alguna vez en las universidades... Por lo general, los que ganan mucho no cobran, sino que facturan y no todo. Muchos son consultores en línea...

Las discusiones sobre el impacto de los salarios en la economía tienen larga data. El que gana poco, gasta poco y el que gana mejor, gasta un poco más. Todos intentan ahorrar, aunque el banco no te dé ni las gracias. No hay economía que arranque con salarios de miseria.

El siglo XXI está acabando por llevarse por delante la división internacional del trabajo y el propio concepto del acuerdo social que durante décadas garantizó la prosperidad de los pueblos. Vivimos tiempo de unilateralidad, de dependencia, con las redes sociales y sindicales semidestruidas y donde la explotación se presenta como libre decisión.

Es probable que no sea tiempo de hablar de salarios, pero sí de sociedades, de objetivos, de misiones, de destinos, de convivencia, de prosperidad, de pobreza. Todo esto es innegable, pero hay que advertir que también puede usarse para la demagogia y aún para vender parte del patrimonio familiar con el objetivo de recorrer el país haciendo campaña para reducir sueldos a los parlamentarios.

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