Sebastián Marset fue capturado el 13 de marzo de este año. Desde entonces, ha pasado un mes y medio y, lejos de tratarse de un caso cerrado, todavía tiene tela por cortar en los medios de comunicación.
El reciente viernes, según la versión oficial del Gobierno, una treintena de personas ingresaron en tres hangares del Aeródromo Corodalillo, en Santa Cruz, y de allí sustrajeron “objetos aún no identificados”.
La información se dio a conocer a través de un escueto comunicado que, como se ve, es bastante vago. Solo refiere a una “infraestructura vinculada a la organización criminal del narcotraficante Sebastián Marset y que actualmente se encuentra bajo administración de la Dirección General de Registro, Control y Administración de Bienes Incautados (DIRCABI)”.
Evidentemente, la captura de Marset, así como la de varias personas de su entorno, todas en un exclusivo barrio de Santa Cruz de la Sierra, no significó el desmantelamiento de su grupo delincuencial. Este personaje, que durante meses se rio en la cara de las autoridades, durante la gestión del Movimiento Al Socialismo (MAS), sobre el que pesa la sospecha de que algunas de ellas podría haberle colaborado para mantener su caso en la impunidad, resulta que sigue siendo una pulga en la oreja del actual gobierno.
En su momento, se elogió el accionar de la Policía Boliviana. ¿Cuántos peces gordos del narcotráfico fueron detenidos en el país, al menos en el pasado reciente? Habría que retroceder hasta la captura de Isaac ‘Oso’ Chavarría, en 1994, durante el gobierno de Jaime Paz, padre del hoy presidente Rodrigo Paz. Al año siguiente cayó Luis Amado Pacheco, el ‘Barbaschocas’, ya en la primera administración de Gonzalo Sánchez de Lozada. Desde entonces, nada.
El del 13 de marzo de 2026 fue sin duda, uno de los operativos policiales más relevantes de los últimos años en Bolivia. Una operación ejecutada con precisión: sin disparos, sin enfrentamientos, sin víctimas ni fugas.
Durante años, Marset fue considerado uno de los narcotraficantes más buscados del continente. Y desde Bolivia habría coordinado buena parte de sus actividades tejiendo redes criminales con organizaciones de alcance regional. Todo indica que, pese a lo que él mismo decía en sus tiktoks, en varios de los cuales se burlaba de ministros y policías bolivianos, nunca salió del país.
Lo ocurrido el viernes debe también llevar a la reflexión. ¿Cómo es posible que treinta personas entren como en su casa a hangares de un aeródromo antes vinculado con la red delictiva de Marset y se lleven material importante para las investigaciones? Este no es un caso más, involucra a un pez gordo del narcotráfico. Da para pensar en la complicidad de alguien del lugar, porque más extraño aún sería pensar en que ese sitio hubiera estado sin seguridad. Esto no puede quedar así. El Gobierno tendrá que dar más explicaciones de lo ocurrido.