Potosí vivió ayer una fiesta que no se había visto ni siquiera para el bicentenario de su gesta libertaria: los 200 años de inauguración del Colegio Nacional de Pichincha, uno de los cinco que fundó Antonio José de Sucre cuando era presidente de Bolivia.
Estos bicentenarios conciernen también al Colegio Nacional Junín, de Sucre; al San Simón de Ayacucho, de La Paz; al Colegio Antonio José de Sucre, de Cochabamba, y al Simón Bolívar de Oruro.
El bicentenario del Pichincha fue una fiesta por todo lo alto y, de su vasto programa de festejos, cabe destacar el concierto sinfónico dirigido por dos exalumnos del colegio celebrante.
Después de un buen tiempo, el Teatro IV Centenario volvió a ser el escenario de un concierto sinfónico, pero lo sobresaliente no fue eso, sino el mensaje que el maestro director de orquestas de música clásica, Willy Pozadas, emitió al final del espectáculo: hay que formar artistas en esta disciplina.
El concierto fue el resultado de la fusión de varios colectivos musicales, desde el coro de la Facultad de Artes de la Universidad Autónoma Tomás Frías, dirigido por Marco Clemente, hasta la orquesta sinfónica juvenil del Pichincha que Pozadas organizó para el evento, pasando por los institutos de formación artística de varias ciudades del país.
Como magistral se puede definir al concierto de la noche del lunes. Primero, con el Himno Nacional de Bolivia y, acto seguido, con la primera ejecución del Himno al Pichincha en versión sinfónica.
No todas las canciones son compuestas para orquesta y ahí está la maestría del director, que ya tuvo esa experiencia y, en el caso de Potosí, hizo los arreglos para el “Potosino soy” el año pasado, cuando ofreció un concierto de cámara en el Club Internacional. Allí nació la idea de organizar un concierto mayor, sinfónico, y el bicentenario del Pichincha resultó siendo la mejor ocasión.
Pozadas, exalumno del Pichincha, se juntó con otro pichincheño, Marco Clemente, para hacer posible el sueño. El concierto tuvo diversidad, incluyendo un popurrí de música boliviana que cerró con el “Viva mi Patria Bolivia”. Humberto Iporre Salinas, también pichincheño, volvió a inundar las almas de los presentes con su “Oración del mitayo” y remató con un “Potosino soy” que, a diferencia del interpretado en noviembre, fue coral y sinfónico.
¿Otro hito? Las morenadas. Consideradas música para bronces, para bandas folclóricas, la orquesta sinfónica demostró en el bicentenario del Pichincha que también pueden ser interpretadas con suficiencia en esta categoría. Y los violines fueron un magnífico complemento.
En los homenajes, Pozadas se mandó la parte. Dijo que el concierto era una muestra de lo que se puede hacer con un poco de buena voluntad. Que es necesario que se enseñe la ejecución de instrumentos musicales en los colegios, en lugar de gastar grandes sumas de dinero pagando a artistas extranjeros en los festivales de cultura.
En el concierto, además, destacó el valor de los Institutos de Formación Artística (IFA), que ya llevan años funcionando como pueden en varias ciudades del país. Los alumnos formados en los IFA muestran un alto nivel y la necesidad de que esos centros tengan una mayor atención de los gobiernos, partiendo de las alcaldías y terminando en los ministerios. Esa fue una recomendación de las Jornadas Culturales Plurinacionales, realizadas en abril pasado en todo el país, y el homenaje al bicentenario del Pichincha confirmó la urgencia de aplicarla.