Ha llegado el momento de transformar la educación y no porque el escenario sea auspicioso o porque sea el mejor momento, que nunca lo será, en definitiva. Se trata del momento por la terrible crisis educativa que afecta al país y, por esto, es imperativo que el Gobierno y la ciudadanía asuman la necesidad de una ruptura entre lo que ha sido la educación fiscal hasta ahora y lo que tiene que ser de hoy hacia adelante, esta situación exige medidas urgentes y drásticas.
Después de más de veinte años de gobierno de izquierda populista, la ciudadanía ya ha experimentado lo que pasa cuando se privilegian los intereses de los sectores particulares en desmedro del interés general, la idea de consenso es que no es ese el futuro que los bolivianos deseamos para nuestros hijos y para nuestro país.
El proceder del magisterio es sectario y sus pedidos no están centrados en la mejora de la calidad educativa; en un contexto de crisis económica, este sector plantea demandas que son imposibles de atender.
Además, lo hacen en convergencia con intereses claramente identificables para poner el jaque al gobierno actual, con el objetivo de forzar ilegítimamente el retorno al poder de quienes gobernaron en los últimos veinte años, por ello, la negativa de dialogar para hallar soluciones realistas y la intransigencia en aplicar medidas de presión que perjudican a los ciudada nos de bien.
La profesión del magisterio debe ser declarada profesión libre y el ascenso en el escalafón docente ser el resultado no solo de la calificación en las pruebas que se aplique a los maestros, sino también el resultado de la evaluación de la calidad de los aprendizajes de los estudiantes.
En un recorrido por los puntos de bloqueo del centro de la ciudad de Sucre, avergüenza leer pancartas con errores ortográficos; en las redes sociales circula alguna explicación de una maestra que presenta los argumentos para las medidas de presión que lleva adelante el sector, expresándose con odio. Un maestro no puede albergar odio en su corazón.
Sobre el aspecto salarial, es importante reconocer que, si algo hizo el gobierno del MAS, fue subir los salarios del magisterio; lógicamente esto se hizo porque se pretendió que el magisterio operara como el brazo ideologizador de las nuevas generaciones y porque, con esa mejora salarial, se garantizó que no hubiese mayor resistencia a las políticas orientadas a la degradación de la calidad de la educación del país.
Con seguridad que la situación salarial de los maestros no es homogénea; tampoco tiene por qué serlo, es posible que haya maestros que no ganen lo suficiente. Sin embargo, no es la situación de todos, por lo que indigna que asalariados que gozan de trabajo seguro una vez que concluyen estudios, que ganan un monto mayor que el mínimo nacional, que tienen seguridad social y vacaciones de mayor duración que las de otros sectores, además, que ganan de los fondos públicos en los que todos los ciudadanos contribuimos mediante el pago de nuestros impuestos, estén saliendo a impedir el trabajo de las personas que ganan al día y a perjudicar las labores de quienes dependen de ser productivos en su trabajo para recibir una remuneración.
La mano del Gobierno debe ser firme para aplicar los descuentos necesarios y dar marcha con la misma firmeza a las medidas necesarias para corregir el problema de raíz, por el bien del país y de nuestros niños que merecen un mejor futuro y una mejor educación.