Hoy se cumple un día más de los bloqueos instruidos por la Central Obrera Boliviana (COB). Hay órdenes de aprehensión, pero sin aprehendidos lo que pinta, mejor que nada, lo que está ocurriendo en el país.
El miércoles, Rodrigo Paz compareció en conferencia de prensa en medio de una jornada marcada por las protestas, los bloqueos y la escasez en La Paz. Su alocución fue larga y respondió todas las preguntas. Empezó tendiendo la mano, señaló que las protestas son parte del ejercicio de la libertad y reconoció errores. Prometió un cambio de gabinete —se supone que más plural— y un ‘Consejo Económico y Social’, integrando a organizaciones, para discutir las futuras leyes y decretos.
Después, hizo su clásico recorrido por la coyuntura nacional utilizando datos circunstanciales, como el del valor de la exportación —ligado al auge de los minerales— o ligeramente acomodados —como el de la estabilidad del dólar, que ya ha pasado de 10 bolivianos en su formato referencial—. Finalmente, volvió a traer de la memoria su pasado personal y familiar y negó estar pagando “cuentas de campaña”, para acabar descalificando a quienes protestan y aludiendo a una mano dura que no se percibe hasta hoy.
Sin duda, la intervención presidencial es un gesto político, aunque el contenido ha vuelto a generar división de opiniones. Aquellos que le piden más certezas, ya sea en la intervención policial o en la convocatoria del diálogo fijando lugar, fecha y hora, seguramente, no habrán quedado conformes. Por lo general, las conferencias del Presidente van en la línea de la indefinición, y se ha expuesto demasiado en varias ocasiones, por lo que habrá que ver en qué se traduce concretamente sus recientes anuncios.
En cualquier caso, la pelota no está aún en el tejado de los manifestantes, que no tienen nada que perder. Sin representación política en la Asamblea Legislativa Plurinacional, sin acceso al gabinete y con una orientación económica que concentra los esfuerzos de pago de la crisis en las clases más bajas, el pedido de renuncia es quizá la única consigna disponible para sectores claramente politizados, pero que también ven subir el precio de la leche, del pan, de la carne y de la gasolina mientras se liberan dólares para comprar en el exterior o ir de vacaciones o se quita el impuesto a las grandes fortunas.
El gabinete de Paz parece haber dejado al tiempo como árbitro, y, en conjunto, como gobierno, muestra un desgaste preocupante en apenas seis meses. Ayer se produjo el primero de, al parecer, varios cambios en el equipo del mandatario.
En ese marco, el mensaje del miércoles fue poco alentador para los planes basados en la inversión extranjera, o en el turismo, o en la seguridad jurídica que se formula sin consistencia. A este paso, pronto, los efectos de los salarios que no alcanzan desbordarán también a la clase media.
Pese a todo, Paz es el presidente electo por los bolivianos y tiene por delante cinco años de gobierno. Ciertamente han transcurrido unos pocos meses, pero la crisis ahoga y exige respuestas claras y efectivas.
Gobernar Bolivia exige algo más que administrar el desgaste; se deben entender las contradicciones que se manifiestan tanto en las ciudades como en los caminos para no solo evitar saldos fatales en la aplicación de la ley sino, fundamentalmente, dejar en claro que la ley impera para todos y no se negocia.
Los italianos dicen que ‘piano, piano se va lontano’ (“poco a poco se va lejos”), y ese parece ser la vía elegida por el Presidente. Resta saber hasta cuándo se podrá soportar esta parsimonia con un bloqueo que asfixia a las familias, a los hospitales y al campo productivo del país, sin excepción.