La desinformación, entre la educación y los conflictos

Lilian Acosta Rodríguez 25/05/2026
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Un análisis retrospectivo de la incidencia de la desinformación en los conflictos sociales, políticos y culturales, y su proceso de desarrollo en el curso de la Historia, muestra cómo desde tiempos inmemoriales la desinformación es un instrumento que con diversos subterfugios distorsiona toda información veraz y precisa. Ahora mucho más, ya que el avance de la tecnología con la inteligencia artificial ha reconducido la percepción de la realidad hacia un sinnúmero de escenarios irreales de diferente índole y dimensión a velocidad instantánea.

Por otra parte, los conflictos sociopolíticos y culturales podrían ser observados, descritos e interpretados con diferente criterio, según el lente con que se vea y desde donde se vea, sin llegar a percibirse la forma en que puedan haberse desarrollado, siendo la desinformación el “vector de la enfermedad” en el proceso. Aunque suene subjetivo, la desinformación circulante tiene en las redes sociales un vehículo acelerado para viralizar los rumores, noticias falsas y contenido manipulado que –desvirtuando la realidad existente– engendra en la psiquis de las personas y en la colectividad desconfianza, miedo, reacción autodefensiva, violencia. 

Explica la ciencia que la tensión, ansiedad e incertidumbre actúan sobre el sistema nervioso central provocando la somatización de sus efectos. Son un ejemplo las experiencias de los últimos años: la crisis sociopolítica de 2019 en Bolivia y la pandemia del covid-19 de 2020-2023 en el mundo; estas fueron incubando un miedo generalizado que se tradujo en confusión, primero, y luego en zozobra. Es ya un problema estructural y globalizado el surgimiento de ‘influencers’ y guerreros digitales que fabrican y difunden noticias falsas sin ética ni control. Muchos de ellos operan manipulando la opinión pública y agravando tensiones sociopolíticas con el único objetivo de monetizar sus intervenciones en redes; un ejemplo fue la guerra sucia tras las elecciones nacionales y subnacionales en el país.  

Remitiéndonos a los eventos sociopolíticos de los últimos meses, se ha podido observar la erosión de la credibilidad y la confianza en gobernantes, instituciones y sucesos, derivando en un ahondamiento de diferencias hasta provocar violencia, movimiento de masas y enfrentamientos. Videos, fotos, relatos y comentarios de las marchas, bloqueos, agresiones y actos vandálicos han sobresaturado los medios de comunicación masiva, desde televisión, prensa escrita y radio hasta las redes sociales, que son las de mayor uso en la sociedad y no menor entre los grupos en conflicto. Muchas personas, en medio de la tensión, colgaban imágenes y videos en las redes mostrando los acontecimientos en el acto. 

Desde una perspectiva positiva, se valora la ventaja de tener información rápida y amplia, mas la invasión incontrolada de la desinformación en manos de personas con intereses diferentes y dispares fue el mayor conductor de la escalada de violencia y agudización de los conflictos. En los últimos tiempos, la información tergiversada y manipulada se ha tornado en el instrumento principal de grupos políticos para tener el control de la gente, sembrando, desarrollando y exacerbando el descontento y el resentimiento colectivo. 

En el país, durante mucho tiempo se fue introduciendo la segregación y el separatismo en diferentes episodios históricos. Si antes la discriminación era de ‘k’aras’ a ‘indios’, o de citadinos a campesinos, el discurso descolonizador y de despatriarcalización –retrotrayendo los 500 años de colonización interpretado como sometimiento– fue sembrado a la inversa en el imaginario colectivo provocando discriminación de ida y de retorno. La búsqueda de reivindicar una identidad étnica ha provocado ahondamiento de diferencias clasistas, acompañada de un resentimiento enraizado más en la mente y de un sentimiento de grupos empobrecidos, sector campesino y en los que se considera portan diferencias étnicas en diversas regiones del país.

El factor principal que contribuye al enraizamiento y proliferación descontrolada de la desinformación y a la profundización de las diferencias sociales es la ausencia de instrucción y educación que impulsen el desarrollo del pensamiento crítico en las personas. La mala calidad de la enseñanza en un Sistema Educativo con planes de estudio desactualizados y repetitivos, sin armonizar con la diversidad cultural de la población, no contribuye a que esta sea reconocida como riqueza en su diversidad y no como objeto de discriminación y rechazo. Ese nivel educativo, donde el 60% de los niños no comprende lo que lee y 9 de cada 10 estudiantes no desarrolla el pensamiento crítico necesario, ha contribuido a la expansión de la desinformación para ahondar las diferencias y mantener el regionalismo latente. 

Si por un lado los maestros son conductores de una instrucción que no encuadrada con características regionales, los niños y jóvenes que son los receptores reciben fuera de la escuela una educación con características propias de las costumbres y cultura enraizadas en su familia y comunidad. Esta desarmonización y el desarrollo deficiente de la educación escolar, tanto en el campo como en la ciudad, limita el discernimiento y es caldo de cultivo para el desarrollo de la desinformación con sus consecuencias manifiestas.

 

* Es economista y socióloga.

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