Argentina, Uruguay, Paraguay, Bolivia y Brasil es un conglomerado de personas, industrias, comercio y oportunidades de negocio en el sur del continente que, para continuar creciendo, necesita energía.
Siempre abogamos por la integración y complementariedad energética donde Estados tendrán rol central como reguladores y garantes de estabilidad jurídica, con permanente coordinación diplomática, acuerdos regulatorios uniformes y principalmente estabilidad democrática. Organismos como CAF, BID, Fonplata, Olade y el Focem del Mercosur serán fundamentales para estructurar financiamiento regional para esa integración.
Pero: la batuta de la integración la llevará el sector privado, el capital privado, a través de compañías generadoras, banca especializada, fondos de infraestructura, operadores eléctricos y compañías tecnológicas.
Concretamente la interconexión eléctrica representa uno de los proyectos estratégicos más importantes para el futuro económico de América del Sur, en el marco del Mercosur.
Esta interconexión no solo permitiría optimizar recursos energéticos, sino también garantizar seguridad de suministro, estabilidad de precios, transición energética y atracción de inversiones industriales vinculadas a centros de datos para inteligencia artificial (IA), electromovilidad y próximos proyectos en hidrógeno verde, temas que los tenemos particularmente analizados en sus distintos ángulos en columnas previas.
La región posee una combinación (un mix) energética extraordinariamente complementaria.
Vemos: Brasil dispone del mayor sistema eléctrico sudamericano, con predominio hidroeléctrico, creciente expansión solar y eólica, y una demanda industrial gigantesca. Actualmente, Brasil consume más de 700 TWh anuales y requiere complementariedad estacional y respaldo regional para estabilizar su enorme sistema eléctrico. Brasil proyecta inversiones superiores a $us 2.000 millones para fortalecer interconexión eléctrica con Bolivia, incluyendo infraestructura y refuerzos de transmisión.
Paraguay posee uno de los mayores excedentes hidroeléctricos del mundo (con sus generadoras hidro Itaipú y Yacyretá) y con potencial de generación eléctrica solar. Paraguay, por ejemplo, posee excedentes hidroeléctricos significativos y, consecuentemente, necesita fortalecer transmisión y diversificar fuentes para sostener industrialización futura.
Argentina cuenta con enormes reservas de gas natural en Vaca Muerta, además de potencial eólico y solar. También las nuevas regulaciones en energía dan pie a un impulso absoluto en generación eléctrica vía nuclear. Argentina alrededor de 140 TWh y paralelamente busca monetizar gas y electricidad mediante exportaciones regionales.
Uruguay desarrolló una de las matrices renovables más avanzadas de la región, junto a Costa Rica en el centro del continente.
Bolivia, por su parte, conserva una ubicación geográfica estratégica y potencial gasífero relevante y aún inexplorado para procesos de transición y complementariedad eléctrica regional. La integración también avanza en materia gasífera. En 2025 se concretó por primera vez exportación de gas argentino hacia Brasil utilizando infraestructura boliviana, consolidando un corredor energético regional que puede convertirse en eje estructural del Mercosur.
Son mercados con fuerte crecimiento industrial proyectado, especialmente Paraguay con su continuo éxito económico y estabilidad democrática.
La demanda regional continuará aumentando debido a la digitalización, la urbanización y a nuevos polos industriales vinculados a tecnología y manufactura.
Uno de los principales desafíos de la región consiste en transformar excedentes nacionales aislados en una verdadera red regional complementaria. Donde haya excedentes eléctricos que sean utilizados por otra región.
Para ello, en algún momento, sugerí que al interior de la organización Mercosur se cree una instancia permanente: una secretaría adjunta para la industria energética, con el rol, cabalmente, de articular ideas, proyectos, negocios entre privados y estados en el área de generación/transmisión/distribución eléctrica.
En esa misma dinámica, toca relanzar, reformar, modernizar y fortalecer al Grupo Urupabol (organismo de ámbito internacional conformado por Uruguay, Paraguay y Bolivia con objetivos de coordinar la representación de las partes en el Directorio del Banco BID, organismos internacionales de carácter financiero) y dar mayor énfasis en acciones para el mejoramiento de las condiciones de navegabilidad de sus ríos y principalmente la integración energética, como ya adelantaron los presidentes Peña de Paraguay y Paz de Bolivia.
De igual forma, continuar en la consolidación permanente de Siesur (Sistema de Integración Energética de los Países del Cono Sur) como iniciativa regional de cooperación e integración energética en América del Sur, enfocada principalmente en el sector eléctrico, impulsado con apoyo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Olade (Organización Latinoamericana de Energía) y CIER (Comisión de Integración Energética Regional).
En los últimos años se aceleraron acuerdos/proyectos concretos de integración, por ejemplo: Uruguay y Brasil ampliaron acuerdos para aumentar capacidad de transmisión desde 150 MW hasta aproximadamente 500 MW, optimizando intercambio bidireccional de energía.
Haciendo algunos números, que pueden ser mayores por supuesto, las inversiones requeridas para una integración plena podrían superar los $us 50.000 millones durante la próxima década, para:
a) líneas de transmisión de alta tensión, con sistemas High Voltage Direct Current, que utiliza corriente continua en lugar de la tradicional corriente alterna (AC) para transportar grandes cantidades de energía a largas distancias con pérdidas mínimas,
b) Digitalización de redes,
c) Modelos de almacenamiento energético,
d) Proyectos para upgrade de plantas hidroeléctricas,
e) Nuevas terminales de gas natural (LNG, caso argentina venta a Europa),
f) Promoción intensa de generación eléctrica vía energías renovables (solar, eólica),
g) Mejora e inversiones a termoeléctricas de gas, con consecuente inversión en exploración/explotación de gas natural, dado que el gas es elemento principal en la transición de fósiles a renovables,
h) Infraestructura de respaldo y ciberseguridad energética.
i) Inversiones en generación eléctrica nuclear.
La integración energética sudamericana podría transformarse además en plataforma geopolítica estratégica frente a la creciente demanda global de energía limpia.
El escenario se completa porque América del Sur dispone de agua, gas, litio, hidroeléctricas, biomasa, viento y radiación solar suficientes para convertirse en potencia energética global.
Todo depende de abandonar visiones nacionales fragmentadas y avanzar hacia una arquitectura energética continental.
En perspectiva, el Mercosur energético podría convertirse en uno de los mayores mercados eléctricos integrados del hemisferio sur. La combinación de recursos complementarios, crecimiento tecnológico y necesidad global de energía limpia convierte a la interconexión eléctrica regional en una oportunidad histórica para Sudamérica.
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