Con las medidas de presión alentadas desde el evismo y la Central Obrera Boliviana (COB) en su punto más candente después de 42 días consecutivos de conflicto, no hay visos de solución a la crisis política, económica y social y el cansancio de la población es ya evidente.
Grupos de movilizados de al menos cuatro departamentos se dirigieron hacia la sede del Gobierno y protagonizaron disturbios este miércoles. Algunos estaban armados con palos, además de los consabidos petardos. La Policía los dispersó con gases lacrimógenos, aunque estos hace mucho que dejaron de ser suficientes para estos efectos.
Como se sabe, lo que a un principio eran “pliegos”, con demandas de distintos sectores sociales, se transformó hace un par de semanas a una sola exigencia: la renuncia del presidente Rodrigo Paz, lo cual, en general, no sido bien recibido por diferentes líderes de opinión y población en general que recuerda que esas no son las reglas de la democracia.
Además, los bloqueos que asfixian a todos, sin distinción de ninguna clase, que habían empezado a ser respondidas con marchas pacíficas de ciudadanos, luego se tradujeron en airadas protestas mediante las redes sociales por los enormes perjuicios que esa medida de protesta está ocasionando en materia económica y de salud.
Los empresarios han hecho notar que esa afectación no solo se verá en el presente, sino también a mediano y largo plazo en los diferentes sectores de la economía nacional. Tanto productores como exportadores están sufriendo pérdidas millonarias que no se podrán recuperar en años.
Entretanto, los actores políticos se enfrascan en sus peleas, en varios casos, con evidentes intereses personales. El Presidente viene siendo presionado para que dicte de una vez por todas un Estado de excepción, mientras que Evo Morales definitivamente reconoció su papel dentro de este conflicto y su objetivo de sacar a Paz del poder. Otro exmandatario, Jorge Tuto Quiroga, hace conocer a diario sus críticas al Gobierno, que le ha respondido duramente ayer con dos diferentes voceros.
Sin una luz al final del túnel, la crisis se prolonga y la paciencia de la población, a la que apeló el propio Paz, se acaba. Los habitantes de la sede del Gobierno y de Cochabamba resultan ser los más afectados con las movilizaciones, pero ya todos los departamentos —en mayor o menor medida— están sintiendo las consecuencias de este desastroso tiempo de estancamiento del país.
Las declaraciones subidas de tono de varios de los dirigentes de esta protesta, incluido Morales, se constituyen casi todos los días en flagrantes actos de subversión y, sin embargo, no se advierte una respuesta contundente de parte de las autoridades llamadas a hacer respetar la ley en Bolivia.
El vocero presidencial José Luis Gálvez anunció la decisión del Gobierno de dar una ‘oportunidad más’ al diálogo, enfatizando una vez más en la intención de continuar acudiendo a las vías democráticas e, implícitamente, indicando que, por ahora, no habría Estado de excepción, aunque también dio a entender que esto último no será anunciado: se lo dictaría y luego se informaría.
Lo hizo después de una nueva jornada violenta en La Paz, cuyos habitantes han sido obligados a acostumbrarse a vivir en medio del caos de las marchas prácticamente diarias.
¿Qué más están esperando para actuar? Es la pregunta que se vienen haciendo hace semanas muchos bolivianos y que, por ahora, no tiene otra respuesta más que la de “paciencia”. ¿O será que se apostó a una desmovilización por la Copa Mundial de Fútbol que comienza hoy en Norteamérica? Si así fuera, lamentablemente hay malas noticias: Nada indica que la usualmente significativa atención a ese evento deportivo internacional vaya a traer aparejada una desactivación de las protestas en Bolivia.