Daño irreparable

EDITORIAL Editorial Correo del Sur 15/06/2026
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El presidente Rodrigo Paz ha atribuido el levantamiento de algunos de los bloqueos camineros a su estrategia de diálogo sectorizado mientras que, desde el trópico cochabambino, un Evo Morales que no oculta su participación directa en esas medidas, ha llamado a mantenerlas. En medio de esas posturas, el ganador temporal es el desgaste, tanto del gobierno como de los bloqueadores.

El efecto directo para la administración Paz es el descrédito. Su imagen de gobernante decidido, que encabezó una caravana de cisternas para resolver la crisis de combustibles, en el ahora lejano noviembre de 2025, contrasta con la debilidad que aparenta ahora, cuando no ha asumido ninguna medida enérgica para devolverle funcionalidad al país. En solo siete meses, su gobierno ha sufrido un desgaste que para otros hubiera llegado en el último año de gestión.

Por el lado de los bloqueadores, el desgaste ha afectado particularmente a la medida de presión, si todavía puede llamarse así. Tras 45 días de cierre de rutas, la mayoría de los habitantes del país no solo ha desarrollado un hartazgo contra esa acción, sino un rechazo que fácilmente puede ser rotulado como “odio”. En el futuro, cualquier anuncio, o ejecución de un bloqueo, será tan impopular que sus efectos se verán notoriamente reducidos.

Pero el verdadero afectado por estos incoherentes bloqueos es el país, y ni siquiera nos estamos refiriendo a los daños económicos actuales, que pueden medirse con la reducción de exportaciones y el lamentable cierre de múltiples emprendimientos impersonales, sin tomar en cuenta las empresas que se declararon en quiebra, dejando en la calle a cientos de trabajadores. Lo que se debe lamentar es que el daño económico causado también puede medirse para el futuro inmediato.

Lo que Bolivia ha visto, como consecuencia de la actitud indolente —y en ocasiones criminal— de los bloqueadores es que no existe conciencia sobre la importancia que el turismo debería tener, no solo para ciudades históricas como Sucre y Potosí, sino para el país en su conjunto.

Para justificar nuestra afirmación, veamos solo algunas cifras:

Según los datos más recientes de ONU Turismo, el país que más ganancias tuvo por el turismo en 2024 fue Estados Unidos, con ingresos por 215.000 millones de dólares. En segundo lugar se ubicó España, con envidiables 106.500 millones de dólares. 

Bolivia, en cambio, está en la lista de países con menores ingresos por concepto de turismo, con entre 800 a 900 millones de dólares entre 2023 y 2024, según datos del Banco Central de Bolivia. Incluso el vecino Perú, cuyo sureste oferta elementos culturales bolivianos, percibió alrededor de 5.000 millones de dólares en 2024.

Las cifras entre Perú y Bolivia no tienen que ver con sus atractivos turísticos, sino por otros factores, como la falta de conectividad, la calidad de los servicios pero, particularmente, la seguridad y accesibilidad para los visitantes. El vecino país también tiene serios conflictos políticos, pero el bloqueo de caminos es una medida escasamente utilizada, precisamente porque los peruanos le dan valor al turismo.         

Para que los turistas visiten un país, este no solo debe tener buenos atractivos, ofertas excepcionales y una buena gastronomía, como los tiene Bolivia, sino, fundamentalmente, ofrecer seguridad. Si una persona sabe que, al visitar un país, corre riesgo de quedarse bloqueada, ni siquiera comprará pasajes para viajar a semejante lugar. Si ya compró billetes e hizo reservas, cancelará todo porque, obviamente, primero está su seguridad.

Por eso decimos que estos bloqueos no solo han dañado el presente económico de Bolivia, sino también su futuro. El tiempo de sumar el turismo a nuestra matriz económica parece cada vez más lejano y ese es un daño que nada ni nadie podrá reparar.

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