Con un comunicado ambiguo y sin desmovilizarse, la Central Obrera Boliviana (COB) convocó al Gobierno a dialogar. Curiosamente, al mismo tiempo que mantiene su exigencia de renuncia del presidente Rodrigo Paz, pide que ese diálogo esté encabezado por la primera autoridad del país.
Al final, la COB parece ir comprendiendo que su movilización no tiene ni pies ni cabeza: se ha desvirtuado desde el momento mismo en que sus demandas dejaron de ser las habituales, completamente vinculadas a sus afiliados, para centrarse en la dimisión de Paz.
Por eso es que se dijo que estas protestas tenían un evidente tinte político, precisamente aquello que ayer el secretario ejecutivo de la COB, Mario Argollo, se esforzó en intentar desmentir, desmarcándose del expresidente Evo Morales.
Entretanto, se cumplen 48 días de bloqueos y estos continúan perjudicando de manera implacable a todos, sin excepciones. Sin lugar a dudas que La Paz y Cochabamba han sido las ciudades más afectadas de todas, pero ningún departamento se salvó de las tremendas consecuencias negativas que implica la paralización de importantes sectores económicos debido a la insensatez de la interrupción del tráfico en las carreteras del país.
En el último mes y medio, los bloqueos se han contado por decenas y han tenido efectos devastadores en las áreas de salud, alimentos, turismo, transporte y otras.
Los testimonios de los choferes de camiones —tanto nacionales como extranjeros— varados prácticamente desde el inicio del conflicto son estremecedores. Basta con pensar en los sentimientos de desolación de esos hombres, y en los de sus familias que vienen soportando días y noches de completa incertidumbre. Sin contar con las pérdidas humanas y la salud de tantos bolivianos deteriorada por culpa de los bloqueos…
Los cierres de rutas se han convertido en una enfermedad que se recrudeció con las movilizaciones alentadas desde el trópico cochabambino por el jefe de los cocaleros y luego presidente Morales. Evidentemente, el entonces dirigente sindical usaba este método para conseguir sus propósitos políticos, y la mayoría de las veces lo lograba.
Durante su dilatado mandato, ya como presidente de Bolivia, casualmente, los bloqueos disminuyeron, pero no desaparecieron del todo por una razón: tras años de ser aplicados, se han convertido en una manera de ganar dinero, especialmente para los desocupados. Así, cuando se resuelve un bloqueo se fijan multas para quienes no participan en la medida de presión y, después, cuando esta se ejecuta, se cobra por derecho de paso.
Esta forma de protesta también tiene toda la connotación de la anticonstitucionalidad, pues atenta contra la libertad de circulación en el territorio nacional. Y esto está reconocido como un derecho civil en el parágrafo 7 del artículo 21 de la Constitución Política del Estado.
Por lo demás, el saldo económico de los prolongados bloqueos ya se mide en miles de millones de dólares; pero no solo hay que hablar del daño causado hasta ahora, sino del que se viene porque, como se ha advertido ya desde distintos sectores, el cierre de carreteras aún en curso ocasionará más daños al turismo próximamente.