La Capitalidad y la verdad histórica

EDITORIAL Editorial Correo del Sur 13/07/2026
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Las ciudades construyen su identidad sobre hechos, símbolos y personajes que trascienden generaciones. En Sucre, dos de esos pilares son su condición de la República, hoy del Estado, y la figura de Juana Azurduy de Padilla. Precisamente por la importancia de ambos, ha llegado el momento de corregir una disposición municipal que hoy enfrenta a la memoria cívica con la investigación histórica.

La reciente decisión de la Alcaldía de mantener el homenaje anual a Juana Azurduy, cumpliendo la Ordenanza Municipal Nº 75/05, revela una intención legítima: preservar el legado de una de las mayores heroínas de la independencia. Nadie discute ese propósito. Lo que corresponde discutir es si el instrumento jurídico que sustenta la conmemoración continúa respondiendo al conocimiento histórico disponible.

La Ordenanza Nº 75/05 dice, en su artículo primero, que se debe “rendir homenaje al natalicio de la heroína Juana Azurduy de Padilla y en conmemoración al Día de la Capitalía de la República de Bolivia”. Esto se debe a que fue promulgada cuando se aceptaba de manera general que Juana Azurduy había nacido el 12 de julio de 1780. Por esa razón, no creó un homenaje genérico a la heroína, sino que dispuso expresamente un acto en homenaje a su natalicio en esa fecha. El texto de la norma es inequívoco y refleja el estado de la investigación existente en ese momento.

Ahora, los estudios documentales han demostrado que la partida bautismal correspondiente al 12 de julio pertenece a una homónima y que Juana Azurduy —cuya grafía original es “Asurdui”— nació en enero de 1780. No se trata de una simple polémica académica. La historia es una ciencia que revisa permanentemente sus conclusiones a la luz de nuevas fuentes. Cuando la evidencia cambia, también debe cambiar la interpretación institucional de los hechos.

Por ello, resulta insuficiente afirmar que el homenaje "trasciende el debate técnico". El debate histórico no es un asunto accesorio; constituye el fundamento mismo de las conmemoraciones públicas. Las ciudades no solo recuerdan a sus héroes: también enseñan historia mediante sus actos oficiales. Si una efeméride descansa sobre un dato equivocado, corresponde revisarla con serenidad y sin dramatismos.

Existe, además, una solución que fortalece tanto la memoria de Juana Azurduy como la identidad de Sucre. El 12 de julio posee un significado extraordinario por sí mismo: recuerda la consolidación legal de Sucre como capital de Bolivia. Esa fecha merece un homenaje exclusivo, sin compartir protagonismo con una conmemoración cuyo fundamento histórico ha sido revisado.

Juana Azurduy no pierde un solo mérito porque se corrija la fecha de su natalicio. Al contrario, gana el respeto que merece toda gran figura histórica. Si la investigación demuestra que nació en enero de 1780, su natalicio debe recordarse cuando corresponda, con el mismo fervor cívico y con pleno respaldo documental.

Por tanto, el Concejo Municipal de Sucre tiene la oportunidad de adecuar la Ordenanza Municipal Nº 75/05 a la realidad histórica. Modificar una norma nunca debe interpretarse como una derrota de la tradición, sino como una demostración de madurez institucional. La capital histórica de Bolivia debe ser también un ejemplo de honestidad con su pasado.

Sucre no tiene que escoger entre la capitalidad y Juana Azurduy. Puede honrar plenamente a ambas. Solo hace falta que cada una ocupe el lugar y la fecha que la historia les ha reservado. Cuando la memoria y la verdad caminan juntas, las instituciones se fortalecen y los homenajes adquieren un valor mucho más perdurable.

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