Bloqueos, un perverso método de protesta

EDITORIAL Editorial Correo del Sur 15/07/2026
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Bolivia se encuentra en un momento de pacificación, aunque, dada la fragilidad de los eventuales pactos sociales con determinadas organizaciones sindicales y/o sociales, nunca se sabe cuánto pueda durar esta calma, después de más de 50 días de sobresaltos.

El Estado de excepción dispuesto por el gobierno de Rodrigo Paz y ratificado por la Asamblea Legislativa Plurinacional tuvo la virtud de poner fin a los bloqueos de caminos que estrangularon la economía nacional. Según reportó el ministro de Defensa, Ernesto Justiniano, el daño económico causado por esas acciones asciende a por lo menos 2.800 millones de dólares, una cifra que no solo es alta por su cuantía, sino por el efecto que tendrá en el futuro inmediato del país.

Si se toma en cuenta que el Producto Interno Bruto (PIB) de Bolivia fue estimado en alrededor de 57.400 millones de dólares hasta el año 2025, se verá que el daño causado al país —esos $us 2.800 millones reportados por el Gobierno— representan el 4,87%; pero, ese es el impacto numérico directo. El PIB de Bolivia se verá severamente afectado, lo cual se traducirá en una reducción de confianza, determinante cuando se busca financiamiento externo.

Precisamente en relación con los créditos, el Banco Central de Bolivia (BCB) informó que, al 31 de mayo de 2026, la deuda externa pública había aumentado a 14.418,1 millones de dólares. El daño económico causado por los bloqueos de este año llega casi al 20% de esa suma. Así de grave es su efecto que, lamentablemente, se prolongará por años.

Además, se debe tomar en cuenta el efecto social de los bloqueos: por lo menos 14 fallecimientos vinculados directamente con los cierres de rutas, además del daño que se ha causado a la imagen del país, ya considerado como un lugar peligroso para el turismo.

Las cifras demuestran superabundantemente que los bloqueos de caminos no solo son perjudiciales, sino que se han convertido en peligrosos, tóxicos y desestabilizadores de la economía nacional. Se trata, ni duda cabe, de un perverso método de protesta, del que ya están tomando nota los demás países de la región (el gobierno de Paz llevó este tema a la reciente Asamblea General de la Organización de los Estados Americanos, OEA).

En Sudamérica, esta acción directa comenzó a ser utilizada en diferentes contextos por organizaciones de obreros, aunque de manera excepcional. En Bolivia, la Central Obrera Boliviana (COB) solo usó la acción de guerra, convertida en medida de protesta, en contadas situaciones como, por ejemplo, durante los conflictos por la promulgación del Decreto Supremo 21060, entre 1985 y 1986. Al margen de que también apeló, como instrumento de lucha, a los paros y a las huelgas generales indefinidas.

Asimismo recurrieron a los bloqueos las organizaciones de campesinos, pero los hechos demuestran que su conversión en un método recurrente está vinculada a una persona en particular, el expresidente y dirigente cocalero Evo Morales, desde por lo menos el año 2000, con protestas de ese tipo y otras más contra el segundo gobierno de Hugo Banzer.

En definitiva, un rasgo característico de los bloqueos bolivianos es que no fueron ejecutados por intereses nacionales, sino sectoriales. (R)

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