Culturas, sin rumbo

EDITORIAL Editorial Correo del Sur 14/08/2026
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La renuncia de Andrés Zaratti no debería ser leída como una simple discrepancia entre un funcionario y el Gobierno, sino como la consecuencia visible de un problema mayor: Bolivia vuelve a dejar a sus culturas sin institucionalidad ni rango suficiente para la definición de políticas de Estado.

En su carta de dimisión, Zaratti —con probada experiencia de trabajo en cargos relacionados con el área en La Paz— dijo que no estaba dispuesto a validar decisiones con las que no coincide, porque debilitan la institucionalidad cultural y reducen las posibilidades de construir una política pública integral y sostenible. Su salida se produce después de la supresión del Ministerio de Turismo Sostenible, Culturas, Folklore y Gastronomía y la determinación del gobierno de Rodrigo Paz de reemplazar a esta cartera de Estado por una ‘Agencia Nacional de Turismo, Folklore y Gastronomía’.

Se sabe, por fuentes extraoficiales, que Andrés Zaratti se enteró de esa medida por los medios de comunicación. Es decir, ni siquiera tuvieron la deferencia de informárselo antes.

No se trata de defender ministerios por el solo hecho de existir. El Estado necesita racionalizar su estructura y eliminar la burocracia. Pero una cosa es reducir oficinas y otra restar jerarquía política a un sector que protege la memoria, el patrimonio y la identidad nacional.

En rigor, esta área ya venía desportillada. No solamente este gobierno, sino los que lo antecedieron la dejaron librada a su suerte durante años, sin políticas coherentes. Más bien, con la acertada conducción de Zaratti se tenía la esperanza de su reconducción por los canales adecuados.

Zaratti había impulsado una agenda nacional. Las Jornadas Culturales Plurinacionales, al recorrer las capitales de los nueve departamentos y El Alto, recogieron propuestas de artistas, gestores, instituciones, municipios, gobernaciones, pueblos indígenas y otros actores. El objetivo era construir un ‘Plan Nacional de Fomento al Desarrollo Cultural’ y articularlo con los planes territoriales. En palabras sencillas, ordenar aquello que estuvo disperso.

Ahora, entre otras interrogantes, cabe preguntarse qué ocurrirá con ese trabajo. ¿Quién continuará el Plan y qué pasará con los Consejos Departamentales de Culturas?

Sucre y Potosí tienen en su patrimonio histórico y cultural una de sus mayores posibilidades de desarrollo. Son territorios donde patrimonio, historia, archivos, museos, arquitectura, festividades, gastronomía, investigación y turismo cultural forman un mismo sistema. Con la eliminación del ministerio, también se ha puesto en riesgo un mejor aprovechamiento de su enorme potencial turístico. Más allá de lo que puedan hacer los gobiernos subnacionales, su turismo y su cultura dependen de políticas nacionales de protección y puesta en valor.

Por lo demás, conviene no confundir los tantos. Una agencia puede promocionar destinos, generar empleo y captar divisas, pero no sustituye la función de formular políticas culturales, coordinar con gobiernos subnacionales, proteger el patrimonio y garantizar una continuidad institucional.

Zaratti se fue porque no quiere convertirse en la firma que legitime un retroceso más en materia cultural. El gobierno de Paz todavía está a tiempo de demostrar que la eliminación del ministerio no significará la eliminación de políticas culturales.

Bolivia necesita menos burocracia, pero no menos cultura. Da la sensación de que la actual administración política no lo valora así.

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