Una carta para vosotros

LA AVENTURA DE CRECER CONTIGO Pedro Rentería Guardo 21/08/2026
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Queridos changuitos:

Lamento mi incapacidad para mantener esta columna, esta opinión, con más asiduidad, con más regularidad en el tiempo. Me justifico botando la culpa a las variadas tareas pastorales que tengo asignadas: atención catequética a los Hogares de Acogida de niñas, niños y adolescentes y Centros de Reintegración de la Gobernación, a los menores trabajadores en situación de calle con quienes me encuentro los días sábados en nuestro lindo centro histórico, al Comedor Solidario “San Cristóbal”, que ofrece, también cada sábado, un reconfortante almuerzo a cerca de doscientas personas que se aproximan al Coliseo “San Cristóbal” y en la plaza San Francisco y calles cercanas. Y no falta la necesaria atención humana y espiritual a quienes se acercan con el deseo de ser escuchados como es el caso de los alumnos de las Unidades Educativas “San Juanillo” y “Quiroga”. 

En la vida de un padrecito se da la paradoja de patear ahora las calles del Mercado Campesino en busca de algún chaval en malos pasos y a la media hora se cambia el escenario y uno termina hablando con un abuelito que cuenta sus penas para, a continuación, acudir a administrar los últimos sacramentos a un papá adulto consumido por un cáncer. 

Aprovecho para agradecer públicamente a la Dirección del Sedeges –nuestros Servicios sociales departamentales– y a la Dirección del Colegio San Cristóbal por la confianza puesta en el equipo de voluntarios que realizamos estas labores, así como a las Direcciones de las Unidades Educativas mencionadas.

¿Por qué os escribo epistolarmente -una carta- a vosotros changuitos, que formáis ese elenco de adolescentes y jóvenes a quienes intento acompañar en esas difíciles edades de los 14, 15, 16 y más años? Pues porque desde 2006, que comenzó esta columna, habéis sido mis interlocutores en un sinfín de experiencias vividas en las que Dios siempre estaba presente. Desde los tiempos en que frecuenté el Centro de Formación Integral Rural VERA, en la comunidad Cortijo de Yotala. Allí, entre changuitos, hoy emparejados y con familia, nacieron las ideas que alimentaron los primeros pasos de esta columna.

Claro, hoy sois vosotros, los chavales del Bicentenario, como bien podemos llamaros. Y ya en marcha hacia el Tricentenario, como dicen ufanos nuestros amables periodistas de CORREO DEL SUR. 

Ante vosotros debo disculparme por los artículos no publicados, por las opiniones no vertidas, por las experiencias sencillas –no soy un erudito periodístico– que se perdieron en la discreción y silencio de los días… Y es que siempre fuisteis mis destinatarios predilectos. Siempre me las apañé para compartiros cada vivencia escrita, leyendo ante vosotros estas crónicas o comentando las ideas en los bancos de Plaza 25 de Mayo, en las aulas de los colegios citados, en los almuerzos ricos de la caserita en el Mercado Central. Resultaba más difícil que leyerais las columnas en el periódico… ¡esa es otra cuestión a seguir trabajando!

También había otros receptores: vuestros educadores. Padres, abuelos, docentes, catequistas, entrenadores, sicólogos y quienes eligieron un día igualmente la noble misión de acompañaros, animaros, corregiros, protegeros. Espero y deseo que alguna experiencia les haya servido. 

Estoy ahorita leyendo en la pantalla del compu, como si deshojara un libro, diferentes artículos, los últimos publicados. Son como recuerdos de antaño, exagerando un poco:

“Vivir en la sombra supone acercarse a las gentes, de nuestro entorno o no, creando una sana distancia con ellas que facilite el respeto, la admiración y el amor limpio”.

“El mundo de la fantasía es un espacio ilimitado donde la imaginación se libera de las restricciones del mundo real. Es un reino donde lo imposible se hace posible, lleno de criaturas míticas, paisajes mágicos y aventuras extraordinarias” (texto de IA)

“¿Serás aquel niño, que un día conocí –10 añitos–, feliz en la hora cívica de tu escuelita, que reías con toda tu fuerza infantil, y cuando al terminar la actividad pudimos hablar un ratito, te descubrí apenado, inquieto, sin salida, por una situación familiar super retorcida? Terminó la hora cívica y terminó el encantamiento para ti”.

“Padrecito, hay niños en cunas de oro... ¡usted sabe!” –A lo que añadí convencido que, igualmente, hay niños en catres de madera, o quizá de adobe, o simplemente durmiendo sobre frazadas en el suelo.

“¿Cómo celebrar 200 años si aún hay hambre, exclusión y abandono? ¿Qué tipo de República queremos construir desde este punto? ¿Cuál es la Patria verdadera: la que celebra desde los palcos oficiales o la que sobrevive desde las calles?”.

Un abrazo, queridos changuitos. Seguiremos…

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