Hace menos de un mes, en este espacio editorial hablamos sobre la vigencia del Decreto Supremo 21060. Entonces, señalamos que afirmar que había desaparecido por completo resultaba cómodo y políticamente conveniente, pero poco preciso. Fue desmontado por partes y, mientras se eliminaron o sustituyeron algunas de sus disposiciones, otras de sus bases económicas continuaron funcionando.
Ayer, sábado 29 de agosto, se cumplieron 41 años de la promulgación de este decreto, seguramente el más famoso de todos en Bolivia, y vale la pena volver sobre el asunto desde otra perspectiva: en los hechos, el 21060 sigue vigente y no porque conserve intactos todos sus artículos.
En distintas oportunidades se anunció su eliminación. Jaime Paz Zamora lo hizo en su momento y, años después, Evo Morales también proclamó el fin del modelo económico asociado al 21060. Pero, una cosa es eliminar formalmente una norma y otra muy distinta desmontar los principios que introdujo en la economía.
Dos de ellos son particularmente evidentes: la libre contratación y la libre oferta y demanda.
La libre contratación fue formalmente eliminada de la legislación laboral. Sin embargo, basta mirar lo que ocurre en el mercado de trabajo: Empresas públicas y privadas contratan trabajadores por períodos de 89 días o menos y, una vez concluido el contrato, vuelven a contratarlos bajo la misma modalidad. En los hechos, la práctica permanece, aunque ya no se la denomine ‘libre contratación’.
Algo parecido ocurre con la oferta y la demanda. El 21060 introdujo la libre determinación de precios mediante esas fuerzas del mercado y liberalizó el comercio y las actividades financieras. Algunas reglas fueron modificadas, pero el principio fundamental permaneció. La oferta y la demanda no desaparecen por que un gobierno decida regular determinados precios: continúan operando.
Lo estamos viendo nuevamente. El Gobierno avanza en la liberalización parcial de los precios de los carburantes y ha flexibilizado el régimen cambiario. Son medidas que, con sus diferencias respecto de 1985, muestran que el mercado continúa siendo un componente fundamental de la economía boliviana. También permanece la libertad de comercio: Bolivia importa, exporta, compra y vende en un mercado en el que los precios están determinados, en buena medida, por la interacción entre oferta y demanda.
Aquí surge la paradoja.
Durante años se presentó al 21060 como el símbolo de un modelo neoliberal que debía ser enterrado. El gobierno de Evo Morales, que se definió como socialista y proclamó la construcción de un nuevo modelo económico, desmontó algunas de sus disposiciones y amplió considerablemente la participación estatal, pero nunca desmanteló completamente las bases económicas del decreto.
La Constitución de 2009 estableció una economía plural y fortaleció el papel del Estado, pero también reconoció la iniciativa privada y la libertad de empresa. Bolivia dejó atrás buena parte del esquema institucional de 1985, mas no dejó atrás el mercado.
Por eso, a 41 años del 21060, resulta más útil abandonar las consignas y mirar la realidad. El decreto puede haber sido declarado muerto varias veces, pero dos de sus pilares siguen entre nosotros: la libertad de contratación y la libre oferta y demanda.
La historia económica suele ser más persistente que los discursos políticos.