Hay algo extraño en la situación que enfrenta CORREO DEL SUR. Se discute cómo cobrar una deuda laboral, pero al mismo tiempo crece el riesgo de que la empresa que debe pagarla termine paralizada. No parece una buena solución, mucho menos en una ciudad como Sucre, donde conseguir empleo no resulta precisamente sencillo.
Los trabajadores tienen derechos. Las empresas tienen obligaciones. Eso no está en discusión. Pero una sociedad razonable también debería preguntarse si es necesario llevar una empresa al límite para cobrar una deuda que podría pagarse de otra manera. La justicia tiene que hacer cumplir las decisiones, pero también debería considerar las consecuencias económicas de esas decisiones.
Según el pronunciamiento de CORREO DEL SUR, cinco extrabajadores iniciaron hace seis años procesos laborales patrocinados por un mismo abogado. Los procesos llegaron a la etapa de ejecución y se emitió un mandamiento de apremio contra dos de los principales ejecutivos del periódico. La empresa sostiene que existen bienes embargados y que hay voluntad de cumplir con las obligaciones, pero plantea hacerlo de una manera que no termine paralizando sus operaciones.
Aquí aparece el problema de fondo. Una empresa no es una caja de dinero esperando ser abierta. Necesita vender, cobrar, pagar salarios, comprar insumos y continuar funcionando. Si pierde esa capacidad, tampoco podrá cumplir con sus trabajadores, proveedores, acreedores ni con el Estado.
Si CORREO DEL SUR cerrara, no solamente dejarían de trabajar sus actuales empleados. También perderían actividad sus proveedores, disminuirían los ingresos tributarios y desaparecerían futuras posibilidades de contratación. Cobrar una deuda no debería terminar generando un problema económico y social todavía mayor. No se trata de colocar a las empresas por encima de los trabajadores. Se trata de entender que ambos forman parte de la misma economía. Existe, además, una razón particular para preocuparse por CORREO DEL SUR. El periódico no es simplemente otro negocio de Sucre. Lleva casi cuatro décadas contando la historia de Chuquisaca. Sus páginas han registrado elecciones, conflictos, crisis económicas, decisiones políticas, denuncias ciudadanas y cambios sociales. Buena parte de la historia reciente de la región puede encontrarse en sus noticias, entrevistas, investigaciones y editoriales.
Sucre necesita medios de comunicación fuertes. No puede darse el lujo de tener menos periodismo. Cuando existen menos medios, existen también menos espacios para investigar, cuestionar a las autoridades y contrastar las diferentes versiones sobre un mismo hecho.
El debate público en Chuquisaca tampoco puede reducirse a una sola posición. Empresarios, trabajadores, universitarios, dirigentes, ciudadanos y políticos tienen opiniones diferentes sobre el papel del Estado, la empresa privada, las empresas públicas y el futuro económico de la región. Esa diversidad puede resultar incómoda, pero es justamente la que mantiene vivo el debate. Una democracia necesita voces distintas, incluso cuando esas voces discrepan profundamente.
Las redes sociales tampoco pueden sustituir completamente esa función. Pueden difundir una opinión en segundos, pero también pueden convertir un rumor en noticia y una afirmación sin pruebas en una supuesta verdad. El periodismo profesional tiene otra responsabilidad: preguntar, verificar, contrastar y dejar constancia de lo ocurrido.
Por eso la situación laboral de CORREO DEL SUR debería analizarse con una mirada más amplia. Si existen obligaciones laborales, deben cumplirse. Si existen bienes embargados, deben ser considerados. Si existe voluntad de pago, debería buscarse una fórmula viable. Y si determinadas medidas pueden provocar la paralización o el cierre de la empresa, ese riesgo también debería formar parte de la decisión.
Seis años de litigio representan demasiado tiempo para cualquier empresa. Durante ese periodo cambian los precios, los costos, las ventas y las condiciones financieras. Una obligación que podía ser manejable al inicio puede convertirse en una carga mucho más difícil después de varios años. Una justicia efectiva no debería limitarse a determinar quién tiene la razón; también debería procurar una solución y no un problema mayor.
La Cámara de Industria, Comercio, Servicios y Turismo de Chuquisaca expresó su preocupación y planteó la necesidad de diálogo, conciliación y acuerdos. El Comité Cívico de Intereses de Chuquisaca también manifestó su respaldo a CORREO DEL SUR. Estas posiciones no deberían interpretarse como una defensa de los empresarios frente a los trabajadores. Más bien expresan una preocupación por las consecuencias que una eventual paralización podría tener sobre el empleo y la actividad económica.
Defender la continuidad de CORREO DEL SUR tampoco significa desconocer una deuda, cuestionar los derechos laborales o pedir privilegios frente a la ley. Significa plantear que una obligación puede cumplirse sin destruir aquello que debe pagarla. La justicia debe ser firme, pero también debe tener presente que detrás de una empresa existen trabajadores, familias, proveedores y una actividad económica que depende de que esa empresa continúe abierta.
Sucre necesita empresas que generen empleo y medios que generen debate. La desaparición de una empresa no crea automáticamente otra. Los empleos perdidos tampoco reaparecen por decisión administrativa. Una inversión que se va puede tardar años en ser reemplazada. Y un medio de comunicación que cierra puede dejar un vacío mucho más difícil de llenar.
CORREO DEL SUR debe continuar existiendo no porque esté por encima de la ley, sino porque Sucre necesita empleo, empresas, información y distintas voces. Defender su continuidad no significa negar los derechos laborales. Significa pedir que esos derechos puedan hacerse efectivos sin destruir una fuente de trabajo y sin apagar un espacio que ha formado parte de la vida pública de Chuquisaca.
Una deuda puede pagarse. Una empresa puede corregir sus errores. Un conflicto puede encontrar una salida. Pero un medio de comunicación que desaparece no siempre vuelve. Y una sociedad que pierde voces termina escuchando, cada vez más, a quienes tienen el poder suficiente para hablar más fuerte.