No estamos analizando ni el 1% de la potencialidad que significa la SI superinteligencia.
La capacidad de análisis estratégico, diseño y ejecución de la IA/SI es una ventana de oportunidades a verdaderos nuevos escenarios que ni siquiera imaginamos con cabalidad.
Es, sin duda, una oportunidad para el mundo, para el hemisferio y concretamente para el Mercosur que conjuntamente puede redefinir su inserción internacional durante la próxima década: convertir energía, recursos naturales y territorio en infraestructura para la economía digital.
La SI/IA, la nube, centros de datos, la manufactura avanzada, vehículos eléctricos y las redes inteligentes tienen un denominador común: requieren electricidad abundante, confiable y competitiva.
Por eso la energía vuelve a ser una variable central de la economía y de la nueva revolución industrial, pero ahora conectada con fibra óptica, cómputo, minerales críticos, construcción sostenible y capital tecnológico.
La región posee una combinación excepcional. El grupo de países Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay junto a Venezuela y Bolivia) aporta escala industrial, mercado interno, generación renovable y un ecosistema tecnológico que va a desarrollar plenamente.
Paraguay dispone de una enorme base hidroeléctrica y está intentando transformar excedentes eléctricos en capacidad de cómputo.
Argentina reúne Vaca Muerta, recursos eólicos y solares, litio, grandes superficies y un mercado relevante.
Uruguay aporta estabilidad institucional, servicios, conectividad, renovables y capacidades agroindustriales y forestales.
Bolivia suma gas natural, litio, potencial solar y eólico, hidroeléctrica, posición geográfica y una oportunidad de reinserción en la economía regional mediante nuevas reglas de inversión.
Venezuela es siempre un factor económico preponderante e innegable con petróleo y sus potencialidades en generación eléctrica renovable, obviamente al igual que Bolivia debe reconstruir su institucionalidad política y re insertarse.
El cambio fundamental consiste en dejar de mirar estos activos de manera aislada.
Un centro de datos necesita electricidad, pero también transmisión, fibra, agua, refrigeración, suelo, seguridad, edificios eficientes, seguros y financiamiento.
Una planta de litio necesita energía, agua, tecnología de extracción, transporte, laboratorios y acceso a mercados.
Un parque industrial necesita electricidad firme, gas de respaldo, logística y telecomunicaciones. La nueva estrategia debe ser, por tanto, una estrategia de infraestructura integrada.
La Agencia Internacional de Energía proyecta que la electricidad asociada a centros de datos pasará de unos 460 TWh en 2024 a más de 1.000 TWh en 2030. Y las renovables serán la fuente de mayor crecimiento y cubrirán cerca de la mitad del incremento de demanda hasta 2030, aunque gas y otras fuentes firmes seguirán siendo importantes para cubrir picos y restricciones de red.
Durante buena parte del siglo XX, la ventaja industrial estuvo asociada a materias primas, puertos, carreteras, mano de obra y tamaño de mercado.
En la economía de inteligencia artificial aparece una infraestructura adicional: capacidad de cómputo. Esa capacidad depende directamente de electricidad. Un centro de datos no es simplemente un edificio lleno de servidores; es una instalación energética, digital y financiera de alta intensidad de capital.
El resultado es un cambio de lógica: la energía deja de ser únicamente un costo de la industria y se convierte en un factor preponderante en la nueva economía de los países.
El gran error sería pensar que tener electricidad barata basta.
Los inversionistas de centros de datos buscan energía firme, redundancia, disponibilidad de transmisión, fibra internacional, agua o sistemas de refrigeración eficientes, suelo, permisos rápidos, seguridad jurídica, seguros y capacidad de expansión.
Por eso la competencia entre países se trasladará desde el precio por MWh hacia el costo total de operación y la velocidad con que un proyecto puede pasar de la decisión a la construcción.
El Mercosur debe crear corredores de infraestructura donde electricidad, gas, fibra, parques industriales, centros de datos y construcción sostenible se planifiquen conjuntamente.
Para los centros de datos la integración eléctrica tiene un valor adicional: confiabilidad. Un operador internacional puede aceptar una tarifa algo mayor si tiene certeza de suministro, redundancia y posibilidad de expansión. La región debe por ello pasar de una lógica de intercambio ocasional a productos energéticos regionales: capacidad firme, energía renovable certificada, reservas de emergencia y PPAs de largo plazo.
La demanda de centros de datos puede acelerar el desarrollo renovable porque los grandes operadores buscan contratos de electricidad de largo plazo y reducción de emisiones.
El desafío es financiar y ejecutar. La transición requiere transmisión, almacenamiento, reglas para inversión privada y mercados capaces de remunerar capacidad firme. La estrategia más racional no consiste en eliminar rápidamente el gas, sino en utilizar generación térmica eficiente como respaldo mientras crecen solar, eólica, hidroeléctrica y almacenamiento. Esa combinación puede producir un sistema más resiliente y atractivo para la industria.
Entra en acción otro componente de la ecuación: los Minerales críticos: del recurso geológico a la industria tecnológica. Entre ellos el litio es probablemente el activo estratégico más evidente, pero la existencia del recurso no garantiza industrialización. La competencia internacional está evolucionando desde la simple propiedad de reservas hacia tecnologías de extracción, procesamiento, materiales catódicos, baterías, almacenamiento y reciclaje. Adicionalmente Cobre, níquel, tierras raras y otros minerales son esenciales para redes eléctricas, motores, baterías, electrónica y centros de datos.
La Cepal señala que el principal potencial transformador de la minería está en crear capacidades productivas y tecnológicas alrededor de la extracción. Esta idea debería ser central para Mercosur.
Ya es una obviedad que un país que exporta mineral bruto permanece vulnerable al ciclo de precios; un país que desarrolla tecnología, materiales y servicios alrededor del mineral captura mayor valor y construye capacidades duraderas.
En esta nueva arquitectura de la economía, que redefine la sociedad, ingresa el concepto de Greenbuilding: la infraestructura física de la economía digital.
Los centros de datos, parques industriales y ciudades inteligentes requieren una nueva generación de edificios.
El greenbuilding no debe ser tratado como una etiqueta ambiental, sino como una estrategia de reducción de costos operativos y de riesgo. IFC estima que la inversión en edificios verdes en ciudades de mercados emergentes podría alcanzar $us 24 billones en la próxima década. EDGE, herramienta de IFC, permite certificar edificios que logran al menos 20% de reducción proyectada en energía, agua y energía incorporada de materiales.
Para data centers, los criterios deben ser aún más exigentes: refrigeración eficiente, reutilización de calor, generación renovable, baterías, agua recirculada, materiales de baja huella, diseño modular y posibilidad de expansión sin rehacer infraestructura. Para oficinas y parques industriales, el retorno puede provenir de menores costos energéticos y mayor valor inmobiliario.
¿Qué hacer para diseñar una estrategia complementaria?
1. impulsar inversiones privadas para un Mercado Regional de Energía para Grandes Cargas Digitales.
2. Diseñar un mecanismo regional para data centers, IA, minería avanzada y manufactura intensiva en electricidad.
3. generar condiciones políticas para PPAs (Power Purchase Agreement): contrato de compraventa de electricidad a largo plazo firmado entre un generador de energía y un gran consumidor o comercializador) transfronterizos.
4. Identificar “corredores territoriales” donde coincidan generación, transmisión, fibra internacional, suelo industrial, agua y logística, entre fronteras de países.
5. Incentivar desde el estado: reducción de cargas tributarias, reducción de burocracias para constituir empresas, reducción de licencias, etc.
6. Incentivar programas regionales para inversiones en Minerales Críticos que sean capaces de establecer, por ejemplo, exploración, laboratorios, trazabilidad, procesamiento, reciclaje y fabricación de componentes. El objetivo debe ser capturar valor tecnológico, no solo exportar mineral.
7. Relanzar una estrategia regional de gas natural para la transición, dado que el gas aporta a la generación firme, industria y exportación. Se deben estudiar gasoductos, reversión de flujos, LNG, almacenamiento y contratos regionales, mientras crecen las renovables.
8. Lanzar una Agenda de Greenbuilding y Data Centers Verdes.
9. Impulso a la electromovilidad particular y de transporte masivo para continuar impulsando industrias de generación renovable.
Todo nuevo campus digital debería incorporar eficiencia energética e hídrica, renovables, almacenamiento, materiales de baja huella, resiliencia y certificaciones como EDGE u otras equivalentes.
El desafío es enorme, urge continuar adiestrando nuevo capital humano para ésta nueva revolución econóimica/industria/tecnológica y energética.