Cuestión de patrimonio

EDITORIAL Editorial Correo del Sur 19/10/2026
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Sucre y Potosí presumen, con razón, de su patrimonio cultural, pero el reconocimiento internacional también implica obligaciones que no siempre se cumplen con la seriedad necesaria. Ch’utillos, en Potosí, y la Fiesta de la Virgen de Guadalupe, en Sucre, están inscritas en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Unesco; sin embargo, ambas afrontan problemas que exigen respuestas concretas. El Día Internacional del Patrimonio Cultural Inmaterial, celebrado el 17 de octubre, pasó sin que hubiera constancia pública de actividades municipales específicas en ninguna de las dos ciudades.

La contradicción merece atención: las declaratorias internacionales se exhiben como motivos de orgullo, pero salvaguardar una tradición exige más que organizar y promocionar una fiesta. Implica proteger su significado, garantizar su continuidad y corregir aquello que pueda deteriorarla.

En Potosí, el Comité de Salvaguardia de Ch’utillos está cuestionado por su prolongada inactividad. Llevaba más de un año sin reunirse y este sábado volvió a hacerlo para revisar su plan de salvaguardia. También se observa la doble función de Santiago Cruz, quien preside el comité y también la Asociación de Fraternidades Folklóricas y Autóctonas de Potosí (Affap).

Esta coincidencia exige una explicación transparente. No se trata de formular una condena personal, sino de garantizar que la instancia encargada de proteger el patrimonio funcione con continuidad, participación y reglas claras. La reunión puede marcar un nuevo comienzo, pero no borra el tiempo perdido. El plan de salvaguardia debe traducirse en acciones concretas y resultados verificables, no quedarse en el papel.

En Sucre, la festividad de la Virgen de Guadalupe también afronta cuestionamientos. El consumo excesivo de bebidas alcohólicas, las peleas y la basura generada durante la celebración de este año reabrieron el debate sobre su organización, incluida la posibilidad de cambiar el recorrido. La discusión debería conducir a soluciones que preserven el carácter religioso y cultural de la fiesta, mejoren los controles y garanticen condiciones adecuadas para la población.

Estas críticas no desmerecen a fraternidades, danzarines ni devotos. Precisamente porque su participación mantiene vivas estas expresiones, las instituciones están llamadas a actuar con responsabilidad. Una tradición puede evolucionar sin perder su esencia, pero se debilita cuando los problemas se repiten y no se adoptan medidas correctivas. ¿Se trabaja por la salvaguardia durante todo el año o solamente cuando se aproxima la festividad? ¿Se evalúan los compromisos asumidos ante la Unesco? ¿Participan efectivamente las comunidades que mantienen vivas estas expresiones? En un tema tan importante resulta necesario que alcaldías, gobernaciones y organizaciones culturales respondan con planificación, transparencia y políticas permanentes.

Ch’utillos y Guadalupe son mucho más que acontecimientos multitudinarios: representan memoria, identidad, fe y conocimientos colectivos. Y su reconocimiento internacional debe traducirse en responsabilidades cumplidas, no quedarse en una distinción para exhibir. El patrimonio no se salva con discursos ni declaratorias, sino con instituciones que funcionan, problemas que se corrigen y decisiones que garantizan que las próximas generaciones reciban viva esa herencia.

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