El granizo y los rayos, amenazas de temporada
Desde septiembre hasta marzo de cada año, la caída de granizadas en Sucre y en Chuquisaca se convierten en un fenómeno habitual
AMENAZA. La acumulación de granizo en las principales plazas y en los parques es una postal típica de Sucre en época... Sucre puede considerarse una ciudad proclive a las tormentas de granizo, las cuales suelen azotar durante esta temporada no solamente el área urbana de la Capital sino también muchas otras regiones de Chuquisaca localizadas en valles altos o bajos.
La temporada de tormentas abarca normalmente desde el mes de septiembre a marzo, y ocasionalmente estos fenómenos suelen extenderse inclusive hasta el mes de abril, ya en pleno otoño, según afirma el director departamental del Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología (SENAMHI), Franz Delgadillo, quien explica que la región está ubicada en un área geográfica (por su altitud sobre el nivel del mar y también por su topografía montañosa) proclive a sufrir este tipo de precipitaciones.
Particularmente la ciudad de Sucre está próxima a valles profundos y calurosos en la primavera y verano, donde también existen vertientes naturales (los ríos Grande, Cachimayu y Pilcomayo) donde suelen formarse las grandes nubes de tormenta conocidas como los Cumulonimbus.
“Nuestra topografía contribuye a la generación de este tipo de nubes; estamos rodeados de serranías y eso ayuda a la generación de estos fenómenos atmosféricos”, afirma Delgadillo.
Estas nubes, muy visibles y llamativas, contienen una gran acumulación de humedad y alcanzan altitudes que pueden llegar a los 15.000 metros de altura. Las precipitaciones con granizo se producen después de una evolución atmosférica particular dentro de nubes muy desarrolladas. Las tormentas y los tornados también se originan en un Cumulonimbus.
Según la explicación científica del fenómeno, las gotas de agua se convierten en hielo al ascender a las zonas más elevadas de la nube, o al menos a una zona de la nube cuya temperatura sea como mínimo de 0 grados centígrados, a la que el agua se congela. Conforme transcurre el tiempo, esa gota de agua gana dimensiones hasta que representa lo suficiente como para ser incontenible y permanecer por más tiempo en suspensión y entonces se precipita.
El granizo es un fenómeno climático muy usual en nuestro planeta y está compuesto de agua congelada que, con un formato de bola, símil al hielo que congelamos en las heladeras o freezers, se precipita desde las nubes hasta la superficie y suele disponer una medida que oscila entre los 50 milímetros de diámetro, aunque ha habido casos que superaron considerablemente esa media.
La solidez que presenta el granizo y asimismo la virulencia con la cual se precipita suele causar severos daños materiales al caer sobre superficies especialmente sensibles como por ejemplo los automóviles, los cuales suelen ser muy dañados por la caída de granizo y ni hablar también si estás bolas de hielo congelados caen sobre la humanidad de las personas, pueden causar daños físicos, según advierten los meteorólogos.
A lo largo de la historia reciente, la ciudad de Sucre y sus alrededores han sido azotados por severas tormentas que dejaron en los habitantes de esta ciudad marcados recuerdos sobre la violencia de estos fenómenos.
Uno de ellos se produjo el 20 de octubre de 1974, cuando en horas de la tarde y tras una jornada de intenso calor, se precipitó sobre la ciudad (por entonces de unos 50.000 habitantes) una intensa tormenta de granizo que dejó a la urbe totalmente cubierta de blanco. En esa ocasión, el fenómeno fue captado por la lente de fotógrafos de la ciudad que inclusive se plasmaron en postales turísticas con el rótulo de “Sucre bajo nieve”.
Otra tormenta célebre cayó en Sucre el 2 de noviembre de 1982. En esa ocasión, además de la intensidad de la granizada, el diámetro de los granizos superó lo normal y provocó daños en vehículos y viviendas. Por varios meses, muchos automóviles de la ciudad quedaron marcados como una suerte de “viruela” debido a que habían quedado expuestos al granizo el momento de la precipitación. Otros hechos se repitieron en los años 1994, y alguno en las primeras décadas de este Siglo, aparte de episodios más recientes del año pasado.
PREVENCIÓN
Franz Delgadillo asegura que los avances tecnológicos permiten en la actualidad contar con instrumentos más precisos para el pronóstico y alerta de estos fenómenos, aunque los radares y otros medios tienen un elevado costo. Pero señaló que visualmente es fácil observar la aparición de estas nubes (que se van formando a lo largo del día) que ya entrañan un riesgo que debe ser tomado en cuenta.
Particularmente en Sucre, las tormentas se forman en los cuadrantes sur-sureste y noroeste, donde se observa que es más proclive el desarrollo de este tipo de nubes verticales. Este panorama podría coadyuvar a los sistemas de alerta temprana a tomar previsiones rápidas y eficaces.
Usualmente cuando se avecina una tormenta suele escucharse el sonido de petardos en varias zonas de la ciudad. Esta práctica proviene de la creencia de que esas pequeñas explosiones podrían disipar la amenaza, pero en realidad están muy lejos de poder hacerlo porque las nubes de granizo se acumulan generalmente entre los 1.000 y 2.000 metros de altitud.
Antiguamente algunas haciendas de Chuquisaca estaban dotadas de cañones antigranizo, pero éstos eran más efectivos debido a que al explosionar producían un gran estruendo que solía alejar la amenaza de granizada, aunque también, en muchos casos, impedía que llueva.
Los sistemas antigranizo sólo modifican el proceso de precipitación de una nube, es decir, la precipitación se transforma de sólido a líquido, pero no incrementan ni disminuyen la cantidad de agua que se precipita, según advierten los expertos.
Otros métodos para evitar la caída de granizo consisten en lanzar cohetes con sustancias químicas como el yoduro de plata, aunque estas técnicas son utilizadas en otros países y su aplicación es poco conocida en Bolivia.
El Director del SENAMHI recomienda a las entidades estatales de Sucre y el Departamento implementar un sistema de alerta temprana mediante las Unidades de Gestión de Riesgo, instancias que ya cumplen funciones en otros departamentos del país, como Santa Cruz y La Paz. De acuerdo con la información del SENAMHI, estos centros son capaces de tomar decisiones adecuadas que en muchos casos evitan desastres mayores.
Deficiente red de pararrayos para evitar desastres
Otra característica del clima local es la frecuencia de tormentas eléctricas en esta temporada. Generalmente, las granizadas y lluvias intensas vienen acompañadas de fuertes descargas que en muchos casos provocan daños a infraestructuras e inclusive –sobre todo en el área rural– suelen cobrarse cada año varias vidas.
Antiguamente, la ciudad de Sucre, principalmente el área histórica, estaba dotada de un sistema de pararrayos instalados principalmente en las Iglesias y los edificios públicos. Estos implementos en su mayoría tienen más de un siglo de antigüedad y es muy posible que nunca hayan sido objeto de revisión y mantenimiento.
En la actualidad la mayoría de los edificios de altura cuentan con sistemas de pararrayos y muchas empresas de servicios, sobre todo eléctricos y telefónicos, procedieron a proteger sus equipos con la instalación de implementos más modernos y actualizados; pero el crecimiento acelerado de la ciudad hace necesario replantear una red de cobertura más eficaz.
“La ciudad ha crecido, los pararrayos estaban de acuerdo a una mancha urbana que era el 30% de lo que es ahora”, señala el director del SENAMHI en Chuquisaca, Franz Delgadillo.
Según el criterio de expertos en esta materia, son varias las causas que pueden ocasionar que un pararrayos esté fuera de servicio, entre ellas: falla a tierra. daños externos – detección visual; mal dimensionamiento o escogencia del pararrayos; envejecimiento de los bloques de ZnO; 6 sobrecarga debido a Sobretensiones de temporales (fractura, perforación); Sobretensiones de maniobra (fractura, perforación, descarga); sobretensiones atmosféricas (perforación, descarga, cambio de característica/ envejecimiento) y, finalmente, polución externa o ingreso de humedad.