Cuando los pasos de baile se hacen señas y la música vibra
La falta de información sobre la discapacidad auditiva incide en que muchas personas demoren en comenzar sus estudios escolares
Bailar en una coreografía suele ser todo un reto. Los participantes se mueven al son de la música, a un solo ritmo, sincronizan y convierten una secuencia de pasos y conteos en un espectáculo único. Pero ¿qué pasa cuando los protagonistas no escuchan? ¿Cómo bailar sin sonido? Los estudiantes de la unidad educativa Audiología responden: es exactamente igual, porque la música se siente.
El proceso inicia mirando a los otros, observando sus gestos, sus movimientos y sobretodo las emociones que transmiten, así, las personas con sordera aprenden a bailar y a comprender la música que al igual que a todos les provoca distintos sentimientos.
Pasa lo mismo con la danza que con el aprendizaje de cualquier área o ciencia: primero se ve, se aprende y luego se intenta ejecutar lo aprendido, así lo explican los estudiantes de la unidad educativa Audiología, de la comunidad Fe y Alegría, que cuentan cómo llevaron a cabo la labor de crear una coreografía musical que esta semana los llevó a ganar el primer lugar del IX Festival Plurinacional de Danza “Por una Bolivia inclusiva”.
En el evento participan estudiantes con discapacidad de todo el país, seleccionados en fases departamentales previas en las que cada instituto se esfuerza por representar de la mejor manera posible las danzas de su región.
Audiología eligió bailar el torito tarabuqueño, una danza en la que se enamora y se traiciona. Los danzarines coquetean entre ellos, incluso con las parejas de otros, lo que provoca celos y enojos que se plasman en una representación previa a la danza misma en la que se da gracias a la Pachamama por lo recibido, explicó el director de la unidad educativa, Max Eloy Bejarano.
Tras una fase departamental realizada en Sopachuy, en la que resultaron ganadores, los estudiantes de Audiología viajaron a Tarija donde obtuvieron el primer lugar a nivel nacional.
Pero ¿qué es lo que sienten los estudiantes al bailar sin escuchar absolutamente nada?
“Se siente un pum, pum pum, pero no escuchamos nada”, relata Sandro Urquizu, uno de los estudiantes de Audiología, mientras señala al corazón con sus manos, simulando los latidos que lo mueven cuando baila.
“Yo me hago una idea, mis ojos me ayudan bastante para poder igualar, el 1, 2, 3, a las manos tenemos que estar atentos, a los movimientos a la expresión, la emoción, cada uno tiene la idea cuando salimos a bailar tenemos que estar siempre felices alegres”, detalla.
Antes de comenzar a danzar, los estudiantes ven un video de una representación del baile escogido. Siguen cada paso de aquellos que fueron grabados y cada expresión para comprender de qué trata lo que interpretarán.
No oyen, pero sienten las vibraciones de la música dentro de ellos y así, con lo visto, bailan ellos también.
“Nosotros vemos, tenemos una visión buena y sí sentimos, pero no entendemos el sentimiento, pero nos ayuda en algo, no podemos escuchar, somos sordos profundos y es difícil”, comenta Ruth Magaly Taboada, otra estudiante que fue parte del elenco que representó a Chuquisaca.
Ambos tienen 21 años de edad y este año saldrán bachilleres, una meta muy ansiada para ellos que esperan continuar con estudios superiores y profesionalizarse.
Sandro cuenta que primero ven cómo bailan otros, lo bonito y lo chistoso que tiene la danza, y luego de que sienten que captaron cada detalle y entienden el sentido de ese baile prueban suerte en la práctica.
“Nosotros podemos bailar (…) aprendemos a bailar, nos dicen que debemos tener más expresión, pero primero vemos en la tele y luego aprendemos. Para captar la música nos ayuda ver”, acota Ruth que precisa además que para cada baile, las personas tienen una expresión, movimiento y señas propias, distinto a cuando cantan el himno nacional, por ejemplo, en el que deben estar serios.
Mientras Sandro recuerda que antes, cuando era niño no entendía y no sabía nada de los bailes, en contraste a lo que pasa ahora que va a “a todo Bolivia a bailar a todo lado”, lo que le hace feliz. “Me siento emocionado, bien, con mucha energía y mi autoestima muy elevada”, dice con notoria alegría y satisfacción por la danza.
Ruth comenta que se ayudan contando mentalmente y que para armar su coreografía ensayaron sábados, domingos y cuanto feriado hubo, con el objetivo de igualar y presentarse sin errores.
“No escuchamos nada, pero sí practicamos y tuvimos ideas, muchos parecíamos muñecos, nos decíamos hay que sonreír y ser más coquetos para ganar”, cuenta ella.
Para intentar ser impecables, tuvieron que repetir los pasos muchas veces y “comenzar de nuevo” cada vez que tenían un error que los profesores identificaban al prepararlos.
Según el Director de la unidad educativa, la enseñanza de la coreografía comenzó primero con los maestros, pues son ellos quienes luego deben motivar a los jóvenes a danzar. En ello ayudaron los profesores Álvaro Guzmán y Ana María Ramírez en la primera etapa, y con Guzmán y Ximena Higueras para la fase departamental, con la guía de la profesora Carla Escobar que hace coreografías.
“Hacemos todo paso por paso, pero no es muy complicado porque es la cuarta vez que vamos a la fase nacional, pero la primera vez que ganamos, es el resultado del sacrificio con cada estudiante”, relata Bejarano.
“Todos nos preguntamos cómo una persona sorda ha logrado esto, pero es gracias al esfuerzo”, complementa.
Ya cuando están en grupo y con los pasos dominados, cada grupo tiene un líder que cuenta en lenguaje de señas para que los demás los sigan cuando hay un cambio de paso, gracias a eso, los estudiantes logran ejecutar la presentación de seis minutos que llevaron al escenario nacional.
MEJOR INFRAESTRUCTURA: SU PEDIDO
Los ensayos que los estudiantes tuvieron fueron bajo los rayos del sol, debido a que no cuentan con un tinglado en su unidad educativa que ya quedó reducida para los 80 niños y jóvenes que son parte de esta comunidad.
“Para Audiología, la escuela es muy chiquita, muy incómodo, es reducido, tenemos lote grande para la construcción de la escuela, necesitamos para que la gente del campo se incluya”, comenta Ruth.
Para ella lo más importante ahora es que la escuela para sordos crezca y se reciba a más estudiantes con problemas auditivos para que aprendan el Lenguaje de Señas Boliviano (LSB).
“Falta difusión, en el campo no hay escuelas, es preocupante, realmente estamos preocupados por la nueva escuela que ya tenemos terreno y proyecto terminado, queremos talleres, de baile, costura y belleza, pero necesitamos la construcción”, comenta la estudiante que aunque este año se despide del colegio, quiere que otros tengan mejores condiciones para su formación.
Ruth todavía no está decidida sobre qué estudiar, pero contempla ser maestra, gastrónoma o especializarse en química, pero eso lo decidirá con sus padres.
“Estamos muy llenos, hay nuevos estudiantes sordos, el sol nos da y no tenemos protección, empezamos a transpirar, con mucha paciencia hemos tenido que ensayar, descansábamos del sol y el calor, queremos cambiar y tener un coliseo, para poder bailar”, complementa Sandro, que también egresa del colegio este año, aunque él lo hará en junio porque estudia en el Centro de Educación Alternativa “Jorge Cabrera Acuña”.
Él quiere estudiar diseño gráfico o pintura porque le gusta mucho dibujar.
Actualmente, de los 80 estudiantes que tiene la unidad educativa Audiología, cerca de la mitad están incluidos en unidades educativas de educación regular, en las que cuentan con un intérprete.
En el caso de Ruth, recuerda que muchas veces los “oyentes” se burlan de los niños con sordera y los llaman mudos.
“Nosotros somos sordos, no somos mudos, ¿acaso somos muñecos o títeres?, el oyente es normal, (…) pero nosotros tenemos nuestro medio de comunicación, nuestra cultura, el oyente también tiene su cultura y nosotros tratamos de aprender”, afirma.
En el caso de Sandro, la principal dificultad para llegar a estudiar fue que al ser del campo, en su entorno nadie sabía si había o no una escuela para sordos a la que pueda acudir. Él iba a una escuela normal y no entendía nada.
“El profesor hablaba, pero yo soy sordo, yo practicaba, pero no entendía, me ayudaban me ponían puntitos, pero no entendía nada, sólo copiaba como no escuchaba no entendía nada, tenía muchas dudas, copiaba de los cuadernos de mis compañeros”, relata.
Hasta que un día sus padres escucharon en la radio que había una escuela para niños sordos en Sucre, y decidieron traerlo, Sandro vivió así, intentando copiar y entender el mundo sin oír una sola palabra.
Por eso, insiste en que se debe socializar más sobre la oferta de la escuela y la opción que tienen los niños con discapacidad auditiva.
Ambos jóvenes recuerdan que sus padres sufrieron mucho y lloraban bastante al no saber cómo afrontar su situación, pero ahora al verlos formarse y estudiar se sienten orgullosos de ellos, por eso y por su apoyo incondicional.
Ahora, los jóvenes esperan profesionalizarse, pero para eso buscan el apoyo de autoridades que se encarguen de mejorar el sistema educativo para todas las personas sordas que muchas veces llegan a la unidad con avanzada edad, cuando es más difícil comenzar un proceso de enseñanza-aprendizaje tan particular como el de las personas con discapacidad auditiva.
Preocupante
Actualmente, tres estudiantes con sordera estudian Comunicación Social en la Universidad San Francisco Xavier, donde, según el Director de Audiología, no cuentan con intérpretes, razón por la que están a punto de abandonar sus estudios.
Un camino largo
Ruth Magaly Taboada
ESTUDIANTE
"Este año salgo bachiller y mis padres me apoyan; antes no sabían a dónde ir, estaban preocupados, no había escuelas, no sabían si había escuela de sordos y luego nos dijeron que sí había. Nos hemos frustrado varias veces y llorado mucho".