Inmigración, el drama crece en Bolivia y Chile

Organizaciones humanitarias advierten que son, sobre todo, mujeres y niños

CHILE. Uno migrantes venezolanos en Iquique, tras pasar por al menos cinco países sudamericanos, entre ellos, Bolivia. CHILE. Uno migrantes venezolanos en Iquique, tras pasar por al menos cinco países sudamericanos, entre ellos, Bolivia. Foto: AFP

Redacción PANORAMA
Panorama / 15/10/2021 23:17

Cada vez llegan más. Pero no solo eso. Cada vez pasan más hambre y son víctimas de maltrato y xenofobia. Peor: cada vez hay más mujeres y niños entre ellos. Por estos días, esa es la fotografía de los migrantes que pasan por Bolivia y Chile. Así lo aseguran organizaciones humanitarias. 

La situación en Chile

Hace unas dos semanas, la crisis migratoria que enfrenta la región tocó uno de sus puntos más álgidos en Chile, cuando cientos de manifestantes quemaron las pertenencias de unos inmigrantes que acampaban en una calle de Iquique. La mayoría eran venezolanos. 

Manuel Cortez, miembro de la Fundación Madre Josefa, una organización que asiste a inmigrantes en esa región, dice que las protestas fueron convocadas por gente con “posturas políticas radicales” y que las mismas se alimentaron del “descontento” de la población con el Gobierno chileno, a quien acusan de no paliar la crisis humanitaria. “Fue la suma de esto, lo que llevó a que la gente les quemara las carpas, les quemara lo poco y nada que tenían”, cuenta en un contacto con Correo del Sur Radio FM 90.1.

Por eso mismo, los voluntarios de su fundación decidieron hacer algo al respecto: habilitaron un albergue provisorio, especialmente para mujeres con bebés, y una cocina. “Nunca habíamos tenido cocina”, destaca Cortez, para explicar la difícil situación. 

Gracias a ello, unos 400 inmigrantes recibieron desayuno, almuerzo y cena en los últimos días. “Estamos haciendo esas gestiones, para que se note que (en Chile) hay más gente buena que mala”, reflexiona.

Sin embargo, hay preocupación en el país vecino. Cortez cree que el problema no se acabará pronto y que en los siguientes meses seguirán llegando más inmigrantes a su país, incluidos mujeres y niños. 

“Hay muchas mujeres embarazadas o con bebés recién nacidos. En este momento, mis compañeras están atendiendo a una señora que tiene mellizos. Deben tener 15 días de nacidos (…) Hay varias mujeres y niños pequeños (entre los recién llegados)”, lamenta.

Cada vez llegan más

El flujo migratorio comenzó a crecer más entre diciembre y enero pasados en el norte de Chile. 

Los inmigrantes, dice Cortez, suelen llegar a ese país por Colchane, desde el lado boliviano. Tienen dos opciones: ingresar por un paso no habilitado o por uno habilitado. En el caso de que decidan optar por lo segundo, están obligados a autodenunciarse. Es decir, a aceptar que cometieron un delito. Ello genera una orden de expulsión, lo que les da la oportunidad de apelar, con lo que tienen un 50 por ciento de probabilidades de quedarse, pero también de ser expulsados.

Según Cortez, en mayo, 150 inmigrantes ingresaron a su país por un paso habilitado; en junio, 236; en julio, 352; en agosto, 1.222, y en septiembre, 2.638. Es decir, un número cada vez mayor. Además, otro número similar ingresó por un paso no habilitado, por lo que el total, solo en septiembre, es posible que alcance a los 4.000 o 5.000 inmigrantes, según el activista. 

“Estas personas, las que se autodenuncian, se están demorando entre cinco y seis días en bajar desde Colchane hasta Iquique. Entonces, ahí se genera todo un conflicto, porque la gente está en una actitud de sobrevivencia: buscan algo qué comer, están matando a los animales de la población, de la localidad; no dan abasto para darles alimentos a todos, los fines de semana no tiene qué alimentarse, no tienen agua qué beber… Entonces, se genera una crisis humanitaria sumamente importante en la frontera”, señala.

Además, en Iquique, debido a la pandemia del covid-19, los inmigrantes están obligados a cumplir con una cuarentena de seis días. “Por eso, el cuello de botella se genera en Colchane e Iquique”, dice Cortez.

En Bolivia

La situación en Bolivia no es mejor. Jorge Evangelista, uno de los miembros de la Fundación Levántate Mujer de Oruro, donde se concentra una parte de los migrantes que llegan al país, dice que el flujo migratorio también creció en Bolivia. 

“La migración ha ido aumentando, en particular, el de nacionalidad venezolana. Hay también muchos haitianos”, dice, también en una entrevista con Correo del Sur Radio FM 90.1.

Según sus datos, el año pasado, el número diario oscilaba entre los 30 y 40 inmigrantes, la mayoría venezolanos, que se registraban o acudían a instituciones amigas, como la Pastoral de la Iglesia católica. 

“En el transcurso de este año, (el número) ha aumentado considerablemente. En enero-febrero, eran alrededor de 100 (inmigrantes diarios), y en los últimos meses, agosto-septiembre, era de 150, 200… la gran mayoría de tránsito”, dice Evangelista. 

Las condiciones socioeconómicas de la mayoría, al igual que en el país vecino, son dramáticas, según el activista. Muchos de ellos venden dulces, otros piden limosna, y otros llegan con familias enteras, con mujeres embarazadas y con niños en los brazos y las manos.

“El sábado estuvimos por la exterminal de Oruro, donde, más o menos, se concentran muchos migrantes venezolanos y haitianos, y colombianos y peruanos, en menor cantidad. Y lo que pudimos hacer, en ese periodo de dos horas, es atender a 40 migrantes. De los 40 migrantes, unos 30 eran mujeres, con familia y esposos. Ese es un indicador del (actual) proceso migratorio: fundamentalmente, femenino, yo diría. Hay un proceso de ‘feminización’ de la migración, aunque también hay muchos jóvenes que migran de Venezuela, como también de Ecuador. Hemos podido percibir ahí ecuatorianos, peruanos y colombianos, además de venezolanos”, apunta Evangelista.

Jeanette Huayta, miembro de la misma fundación, pero en El Alto, confirma la teoría de su colega. “Se ha visibilizado un rostro femenino, en el que se manifiestan varias problemáticas: la violencia intrafamiliar, la deserción escolar y otras”, dice. 

Por eso mismo, explica, la fundación se ocupa actualmente, sobre todo, de atender mujeres, niñas y adolescentes en situación de violencia y/o desventaja social, para resguardar su integridad física y psicológica.

Pero además hay otro problema: la trata y tráfico de personas. Los migrantes también están siendo víctimas de ello. “Sabemos que uno de los elementos del proceso migratorio es caer en este tipo de redes”, confrima Hayta. “El trabajo es arduo”, agrega, pero asegura que hay instituciones aliadas que están trabajando para intentar evitar ello.

MIGRACIÓN

El flujo migratorio creció en los últimos meses tanto en Bolivia como en Chile, especialmente de venezolanos y haitianos. En el caso de este último, por ejemplo, pasó de 150 en mayo, en el paso de Colchane, a 2.638 en septiembre. Pero ese número, solo con los casos que fueron registrados por un paso legal. Se estima que un número similar ingreso al país vecino, desde Bolivia, por un paso no habilitado. 

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