La corrupción nuestra de cada día

La corrupción nuestra de cada día

Péndulo político César Rojas Ríos 25/09/2022 05:32
La corrupción, lo decía Nicolás Maquiavelo, solo indigna cuando sus beneficios quedan en las cúpulas partidarias, pero cuando bajan con sus mieles y oropeles hasta las bases (o las bases pueden subir hasta las cúpulas partidarias)
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La corrupción, lo decía Nicolás Maquiavelo, solo indigna cuando sus beneficios quedan en las cúpulas partidarias, pero cuando bajan con sus mieles y oropeles hasta las bases (o las bases pueden subir hasta las cúpulas partidarias), no causan ni asomo de indignación moral. Maquiavelo no tenía una imagen edificante del ser humano. Era realista, razonaba a partir de lo que veía, no de lo que escuchaba de dientes para afuera. Tal vez, secretamente, hasta pudo coincidir con Paul Valéry, cuando escribió que “el poder sin abuso pierde su encanto”.

El politólogo Jhonny Vargas Colque, en su columna Un mar de corrupción (Página Siete, 17/9/22), hace un recuento detallado de un oleaje creciente de hechos de corrupción, que tienen esta vez, en la cresta a la Administradora Boliviana de Carreteras (ABC). Pero Vargas Colque baja a la base del oleaje y, ejerciendo una dosis de realismo, también apunta lo que observa y las tipifica: corrupción gubernamental, corrupción en obras públicas, corrupción internacional o “gran corrupción”, corrupción por soborno a empresas contratistas. Y lo que registra golpea el alma. 

Uno, las bases sociales de los partidos son corruptas. La gente no representa la oxigenación moral de los partidos, más bien son orgánicos en su oxidación moral. Dos, “la corrupción es una transacción clandestina entre dos mercados: el mercado político-administrativo y el mercado económico-social”. Un toma y daca, una espiral nociva. Tres, la corrupción genera una pedagogía social que no construye país, sino que lo destruye, pues “desvaloriza el esfuerzo, el mérito y los logros profesionales, y recompensa el oportunismo, el favoritismo, el partidismo y el nepotismo”. 

Vargas Colque concluye que “el país está cansado de corrupción, negligencia y falta de transparencia, somos un país liderado por políticos sin escrúpulos ni moral”. El politólogo es vencido por el moralista y el realismo de Maquiavelo queda orillado por la imperecedera esperanza de “ya vendrán días mejores”. Pero, ¿vendrán? ¿Algún día la luz del sol bajará y se posará en el alma de los políticos? Otra vez recurro a Valéry, cuando apunta que “la política es el arte de impedir que la gente se meta en lo que sí le importa”. ¡Y cómo no les va a importar si la corrupción es el sistema político boliviano: el Estado es su negocio, el poder es de su propiedad y el reparto pacífico del queso entroniza al jefe político como el Supremo Dador! Tal vez, y solo tal vez, empecemos a bajar el caudal de ese “mar de corrupción”, cuando la ciudadanía se meta en lo que sí le importa con más determinación que la demostrada hasta hoy por los apetitos políticos. [P]

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