El sentido del pensamiento
La rutina es un esqueleto fósil cuyas piezas resisten a la carcoma de los siglos. No es la hija de la experiencia, es su caricatura. En su órbita giran los espíritus mediocres. Evitan salir de ella y cruzar espacios nuevos. Acostumbrados a copiar escrupulosamente los prejuicios del medio en el que viven, aceptan sin contralor las ideas destiladas del laboratorio social. Su impotencia para asimilar las ideas nuevas los constriñe a frecuentar las antiguas. Los rutinarios razonan con la lógica de los demás. Disciplinados por el deseo ajeno, encajonándose en su casillero social. Son dóciles a la presión del conjunto, maleables bajo el peso de la opinión pública que los achata. Reducidos a vanas sombras, viven del juicio ajeno, se ignoran a sí mismos, limitándose a creerse como los creen los demás.
Estas palabras tienen dueño, fueron escritas por José Ingenieros a inicios del siglo XX. De origen italo-argentino, su texto El Hombre Mediocre ejerció gran influencia en la juventud argentina y en el movimiento que impulsó la Reforma Universitaria de Córdoba en 1918. José Ortega y Gasset, años después, sobre la propuesta de Ingenieros, construiría las categorías analíticas a las que refirió de forma universal: el hombre-masa y el hombre noble. Ingenieros habló del hombre inferior, el hombre mediocre y el hombre superior, que es el hombre idealista, aquel que se indisciplina contra los dogmáticos. En tiempos actuales, el hombre mediocre es el hombre que simplifica.
Bolivia es un país extensamente complejo. El Estado boliviano es un Estado complejo y compleja es también la sociedad boliviana. Siendo palpable la dificultad comprensiva del todo nacional, se presentan cotidianamente miradas, desde el conservadurismo simplón y la irracionalidad misma, que quieren simplificar esto, que intentan y buscan sin digresión alguna decidir el tamaño del país y la entidad societal que en él habita. Nombran la parte asumiendo que expresa el todo y atribuyen cualidades humanas a una entidad abstracta como es el Estado o el país mismo. Sinécdoque y prosopopeya, diríamos, respectivamente. Válidas figuras retóricas, pero que disimulan engaños conceptuales que confunden y turban.
Fatigoso
“En Bolivia se ha asentado lo complejo y lo fatigoso. Lo complejo se advierte en su misma naturaleza, su radical diversidad, la embrollada historia y esa, a momentos inexplicable, disparidad territorial, social y cultural.
Desde ya hace unos años, pero con mayor dramaticidad interesada en el tiempo actual, en Bolivia se ha asentado lo complejo y lo fatigoso. Lo complejo se advierte en su misma naturaleza, su radical diversidad, la embrollada historia y esa, a momentos inexplicable, disparidad territorial, social y cultural. Lo fatigoso está expresado por el deseo inacabado e inconcluso de esa intencionalidad de ser democrática en lo político y social, de ser un nudo que se desate a varias manos y no a golpe de hachazos. La complejidad y la fatigocidad es lo que llamamos democracia, pero también inclusión y justicia estructural. No podrá ser, nunca, simplificada y comprendida, con dos frases y tres acciones fáciles, simbólicas. Con premisas de consumo rápido y explicaciones insustanciales. En definitiva, con argumentos rutinarios.
La complejidad también está dada por las desigualdades sociales aún hoy presentes; por las resistencias, la intolerancia y el desprecio a la otredad de piel oscura; por las añoranzas a las sociedades de privilegio; por el intento de reinstalar el colorismo como referencia primera de la calificación habilitante; por la molestia indisimulada a las diversidades territoriales; a la no aceptación de la posibilidad de convivencia y coexistencia social pacífica; de miradas económicas diferentes y necesarias; por la no aceptación del defecto hoy presente de una institucionalidad decadente.
¿Cómo se reacciona ante esto que nos condiciona y determina? ¿Simplificando con abordajes del sentido común, que son más desde el diario vivir antes que en perspectiva de lo que propuso Gramsci? Frente a modelos hegemonizantes, malogrados y consumidos, es preciso renovar nuestra historia y repasar lo hecho. Claramente, las complejidades no pueden simplificarse, porque son varias y profundas, las relaciones entre espacios de nuestra territorialidad son unas, pero las hay políticas, entre clases y segmentos sociales, culturales y ahora, desde el 2019, entre las memorias, entre lo republicano y lo plurinacional.
Ante la simplicidad rutinaria y repetitiva, se precisa elaborar una pedagogía de la dificultad. La Bolivia fatigosa y compleja, esa de izquierdas y derechas, tiene y debe de convertirse en un proyecto con futuro. El conglomerado de cálculos, desencantos y ambiciones, no pueden impedir que el nudo sea desatado colectivamente. [P]
Jorge Richter Ramírez, Politólogo